Bangladesh es un país desconocido para gran parte del mundo. Esto, a pesar de haber dado lecciones positivas a vecinos tan poderosos como la India o Pakistán en aspectos como el control demográfico o la situación de la mujer. Así lo describe el periodista español y miembro de Médicos Sin Fronteras (MSF) Igor G. Barbero en su primer libro, "Bangladesh, crónica de un país olvidado'', editado por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).


"Aterricé en Asia en 2008'', cuenta Barbero a EFE, medio para el que trabajó en esa época antes de pasar a MSF, en "una experiencia muy intensa''; en particular en Bangaldesh, donde pudo profundizar en su población y descubrir que es "un país de grandes desafíos y progreso", "un país apasionante que esconde muchos tesoros ocultos''.


Las luchas de campesinos contra el cambio climático, con ríos que son océanos e islas que aparecen y desaparecen; las de mujeres y adolescentes, como las de las chicas surferas, que combaten el matrimonio infantil, o las de personas como un famoso presentador de televisión que cada año en el programa más visto toca temas sociales, son algunas de esas batallas.


"Es verdad que hablar de desarrollo con un tercio de su población bajo el umbral de la pobreza es difícil. Pero no teniendo en cuenta el nivel del que partía Bangladesh, tras una guerra en 1971, que dejó cientos de miles de muertos y millones de refugiados; vulnerable por hambrunas y ciclones, por el que nadie daba nada'', según Barbero. Pero "ha salido adelante, con un crecimiento sostenido del 6 por ciento, con muchos desafíos aún, como la desigualdad, pero que ha hecho cosas muy bien''.

Entre esas menciona "el control demográfico, en un país tres veces y medio más pequeño que España y con cuatro veces más de población (160 millones de personas)''. A esto se suma la situación de la mujer, con mayor esperanza de vida, una mejor relación maternofilial y un gran empoderamiento para muchas de ellas, a las que, a pesar de sus sombras, el potente sector textil o los microcréditos les han dado millones de puestos de trabajo''. "Se trata de lecciones positivas que sitúan al país en varios aspectos, comparado con el entorno, por encima de Pakistán o la India'', añade.


"Dar voz y poner rostro a esas personas es esencial para humanizar estas situaciones y que una sociedad lejana pueda empatizar con esta población'', explica.


El periodista también aborda en uno de los capítulos del libro la lucha femenina en un país "profundamente patriarcal'', con dos ejemplos contrapuestos, el de las birangonas, unas 200.000 mujeres víctimas de la violencia sexual durante la guerra que fueron estigmatizadas por sus propias familias, y de las adolescentes surferas, otra generación que lucha cada día en un país con una de las tasas más altas del mundo de matrimonio infantil''.


"La obligación del periodista es rescatar su memoria y mostrar al mundo esa lucha admirable de millones de mujeres bangladeshíes'', concluye.



 

Por Marta Rullán  -  Agencia EFE