Miró todo en derredor, y frente al cielo inicial de su mirada pura los encontró. Sus padres no sabían si llorar o reír, que en estas ocasiones es casi la misma cosa. Llegaba -previo aviso- de un universo escoltado por duendes y utopías, esas ensoñaciones imprescindibles que se pueden diseñar desde algunos sitios especiales y en algún momento iluminado, y por las cuales nos sentimos capaces de honrar la condición humana. Sus manos de lluvia y corazón de miel, en un mundo acechado por temporales y claroscuros, presagiaron -a pesar de todo- un camino de luz. Algo en mirada de joven torcaza lo augura. En canoita rosa avanzó por el primer sendero de su vida. Un triunfal llanto inaugural fue su lenguaje y con él puso primera en un silencio azul que avanzó por todos los rincones de su primera morada, hasta caer con su primer cansancio en un nido que los gorriones le tenían preparado cerca de su ventana en flor.
Manantiales blancos se despeñan del pecho de su madre, para protegerle sus futuras andanzas de colibrí construido de viento y cera.
Nos retiramos como pisando pétalos, mientras a nuestras espaldas estamos seguros de que la vida ha proclamado un nuevo desafío y en un jardín invicto ha brotado en invierno una rosa obstinada.
Esta noche he de soñar con mi infancia y quizá mis primeros ojos y mis debutantes pasitos tembleques, en homenaje a vos; y tendré entonces la seguridad absoluta de que la ternura vence al dolor y la esperanza al miedo. Que a veces podemos morir de angustia ante un inevitable accidente de nuestra vida. Que se nos puede desgajar en llantos el corazón. Que podemos poner en duda a Dios y a nuestra capacidad para descubrir el sentido más sublime de la vida. Que en un instante de sombra podemos nublar el horizonte de lágrimas. Pero que la simple confirmación de la vida y nuestra infinita capacidad para reinventarla, son suficientes para volver a acariciar la felicidad.
Alcánzame tu manita de afilado mimbre para que caminemos seguros por este mundo que, por más duro que a veces pueda ser, se doblega permanentemente ante el amor y la belleza. Salta tu corazoncito de mariposa por entre las nieblas y los prados más dulces. Sé que nos amas desde tu territorio de invicta inocencia. Bienvenida a esta cita a nuestra vida, Isabella, nietita.
