Los presidentes Cristina Fernández de Kirchner y Luiz Inacio Lula da Silva, no lograron ningún avance importante en el intento de recomponer la relación bilateral, afectada por crecientes roces comerciales.

La política exterior brasileña se caracteriza por su constante búsqueda de una buena relación con la mayor cantidad de países, pero en el intercambio tiene una aguda lucha con sus mayores socios comerciales. Uno de los logros fue obtener la autorización de la Organización Mundial de Comercio (OMC) para tomar represalias contra los subsidios aplicados por el gobierno estadounidense al algodón.

Las diferencias comerciales con Argentina tuvieron estado público luego de que decenas de camiones -varios con productos perecederos- quedaron varados en la frontera, sin poder ingresar a Brasil. Fue una represalia brasileña por las licencias no automáticas que el gobierno argentino aplicó contra sus productos, aduciendo proteger a nuestro mercado interno debido a la crisis Financiera internacional.

Es evidente que todavía nuestras autoridades no entienden que las diferencias en las balanzas comerciales se solucionan con eficiencia, para aumentar las exportaciones gracias a precios competitivos y no con proteccionismos que provocan reacciones perjudiciales. Esto obligó a la Argentina a comprometerse por escrito con Brasil a otorgar licencias no automáticas para el ingreso de sus productos en 60 días, no con demoras de 180 días, como ordenó el conflictivo secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien desde ahora será observado desde Brasilia. En cambio Brasil sólo se comprometió a preavisar la negativa al ingreso de importaciones argentinas y todo dependiendo de las acciones de nuestro gobierno que han creado tanto escozor en la sociedad comercial y política.

Políticas conjuntas entre la Argentina y Brasil como el sistema de pagos en monedas locales (SML), que apuntan a un comercio bilateral en moneda local sin tener que acudir al dólar, son banderas que ambos gobiernos vienen utilizando para mostrar puntos de convergencia entre ambos países a pesar de sus diferencias comerciales.

La difícil relación bilateral deja en evidencia la falta de una estrategia comercial conjunta entre los mayores socios del Mercosur. También resalta que las divergencias comerciales entre ambos países están muy lejos de resolverse.