A pesar de que algunos destacados autores han incursionado en el género novelístico, San Juan no es cuna de grandes novelistas o al menos no de aquellos que editen a nivel nacional una historia nuestra. Jorge Asís alguna vez expresó que las provincias no escribían novelas y en general en la Argentina, porque era difícil hablar de, por ejemplo, el comisario, o el fiscal o el juez, si del género policial se tratase. Han pasado casi 80 años del terremoto de enero de 1944 y existe una sola novela nacional ambientada en la época cuyo principal error son los nombres propios ya que una "Gisela" en esos tiempos no es creíble ni probable como ahora.
Los narradores sanjuaninos son creadores de cuentos, cortos o de mediana extensión; pero la novela de unas 200 o 300 páginas se les escapan. Más allá de las anécdotas de infancia o de los mitos tomados una y otra vez con sus diferentes aristas, muy pocos han novelado una historia política, épica, costumbrista, de adioses y reencuentros, basada no necesariamente en estos tiempos sino en los que van desde 1562 en adelante. Alguna traición, algún crimen, un amor imposible o una huida, ejes en los cuales una buena historia puede sustentarse, no se han "colado" por así decirlo con fuerza en nuestra literatura.
La vida en 1943 y hacia atrás, podría ser un tópico por demás interesante y las referencias, reales o ficticias, no tendrían por qué afectar a nadie a estas alturas en pos de la mera ficción. Digo esto porque muchos han temido escribir por miedo a herir susceptibilidades en descendientes, amigos u otras relaciones de personas que vivieron y obraron en aquellos tiempos, siendo tal cual somos un pueblo pequeño.
En nuestro San Juan nada se pierde en una gran urbe puesto que en una simple conversación, este se conoce con aquél y los lazos que unen aparecen solos.
El Dr. Guillermo Horacio Videla lo intenta en "Ramón ‘La Muerte’ Varela", ambientando el comienzo de su novela en nuestra provincia y desarrollando el resto en Córdoba. Y muchos le han preguntado si escribió esa historia sobre él, sobre su propia vida. Nelly Pineda Hernández, en un gran relato referencial, narra la vida de una familia y es muy minuciosa describiendo cómo se vivía en San Juan anterior al ’44 tomando como eje la llegada de inmigrantes españoles unos 20 años antes de ese quiebre fundamental de nuestra vida provinciana. "El limbo del emigrante", editado por la Universidad de Jujuy, es una obra en la que vibra la vida sanjuanina con el esplendor de las décadas del ’30, el ’40 y el ’50 y tiene aspectos sobresalientes de la vida y costumbres locales. Sin embargo no está pensado como una novela en sí misma.
Muchos autores que en su momento pudieron ser grandes referentes de nuestro pasado novelando las historias, ya no están entre nosotros y se han llevado con ellos el gran misterio del por qué no. La gente joven se pregunta cómo era y dónde estaba nuestra vieja terminal de ómnibus, o si el pulso de la vida local era realmente más el tren. No hay literariamente hablando demasiado escrito en tono de novela y las investigaciones para profundizar se van perdiendo porque la memoria se va o las personas ya no existen.
La imaginación, por otro lado, necesita alimentarse (y mucho) de esos relatos que si son vagos suelen ser mucho más llamativos y que si sobre ellos se escribiera una buena historia nadie debería sentirse tocado ni pensar que lo han escrito refiriéndose a tal o cual persona viva o ya fallecida de la que sean descendientes. La novela es en esencia ficción, los nombres y circunstancias pueden cambiarse y siempre está aquello de que "cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia".
Por Ada Gámez
Escritora
