La conmemoración del Día del Trabajo, llama a la reflexión acerca del espíritu de la humanización laboral, la que avanzó tanto como la evolución misma del hombre. aunque todavía estamos lejos de alcanzar la llamada "civilización del trabajo". Es la que se reclama a la globalización económica, de manera que toda actividad productiva sea humana y equitativa.

Se han dado pasos trascendentes desde que comenzó, en 1829 en Estados Unidos, el movimiento reivindicatorio del trabajador, empujado por el sector más desprotegido de la industria, para exigir la jornada laboral de 8 horas, una pretensión irritante para los empleadores de la época que imponían jornadas de hasta 18 horas diarias, que podían ampliarse en caso de necesidad. Semejante pretensión fue rechazada de plano y debió transcurrir más de medio siglo para que la huelga trágica del 1 de mayo de 1886 diera lugar al respeto y la dignidad del trabajador.

Aquellos mártires de Chicago dejaron un legado que dos siglos después alcanzó al Tratado de Versalles, con la creación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ente rector de la humanización del trabajo en el ámbito de las Naciones Unidas. El compromiso para velar por el respeto de la jornada laboral, el desempleo, la protección de la maternidad, las tareas nocturnas y el cuidado de los niños, se hizo universal. Y que las mezquindades del mercado, de las burocracias sindicales y el clientelismo político, no tergiversen el espíritu de la humanización, en tanto en 1954, el papa Pío XII estableció el 1 de mayo como la festividad de San José Obrero, fecha que se celebra en todo el mundo.

Al hablar de la civilización del trabajo, observamos la humanización y el equilibrio del mercado laboral sobre los principios de solidaridad y participación, pilares de la justicia social. Los sindicatos están llamados a velar por la defensa de los derechos que asisten al empleado, pero ningún reclamo sectorial debe plantear una lucha que altere la convivencia, o contra los que mantienen las fuentes laborales.

También es inadmisible que por falta de control se produzcan casos de esclavitud, como el descubierto en San Juan con cosechadores, o la muerte de dos niños que junto a sus familias eran explotados en un taller textil clandestino porteño. Se suman a numerosas hechos donde los obreros son golpeados y las mujeres sufren violaciones, además de vivir sin libertad, con poca comida y hacinados. Y la gran deuda pendiente: el trabajo "en negro", que castiga a millones de argentinos.