La humanidad enfrenta una crisis de tal envergadura que pone en guardia a todos los países, a los que están financieramente comprometidos y a los que todavía no han llegado a esa situación. Estados Unidos y los países de Europa están alarmados por la constante depreciación del PBI. La asistencia permanente -con enormes sumas de dinero- a bancos, entidades financieras y aseguradoras revelan que el futuro es más que incierto.

No se sabe si la Argentina va a ser tocada o no por esta situación. Algunos ven imposible que no suceda algo por el solo hecho de la disminución del comercio exterior que ya produce restricciones importantes.

El protagonista es el dinero y el personaje olvidado el ciudadano, por ello en algunos países de Europa muchos contribuyentes han expresado su desagrado porque -afirman- los bancos que necesitan ayuda han mal invertido el dinero de sus depositantes. Son, en realidad, tiempos inéditos.

Una mirada cercana a los hechos hasta ahora conocidos, demuestra que hay una profunda crisis en torno del dinero lo cual pasa a ser una verdad que cuesta asumir porque sin él es imposible vivir. ¿Qué pasó para tener que asumir la receta de austeridad en medio de una recesión que se insinúa?

El premio Nobel Paul Krugman ve esta situación como el resultado de una larga época de superabundancia. La situación actual la describió Claudio Loser -argentino que tuvo importantes cargos en el Banco Mundial- cuando dijo desde Washington que en los Estados Unidos "la vida cotidiana está afectada en términos de desempleo, de compras". "Uno lo ve en muchas cosas, los restaurantes están más vacíos, los negocios también, uno ve mucha preocupación en la gente".

Más lejos fue el Premio Nobel de la Paz (1999), el canadiense Robert Mundell, quien acaba de proponer la creación de una moneda mundial para paliar la crisis económica que vive el mundo.

Nosotros, los argentinos ¿estamos en crisis?. Siempre hemos batallado con distintas situaciones. Somos los protagonistas de muy malos momentos. Nadie olvidó la crisis 2001-2002 cuando hasta se inventaron las tristemente célebres cuasi monedas.

Hoy -marzo de 2009- observamos una insinuante recesión, precios de artículos de primera necesidad que aumentan, una canasta básica que según datos de esta semana se ha duplicado.

Pero esta no es nuestra única crisis. Vivimos con preocupación la crisis educativa ¿todos los años el inicio del ciclo lectivo debe coincidir con las demandas de mejoras de sueldos?. Como si fuera poco a principios de esta semana se escuchó a una dirigentes gremial solicitar a los padres que se sumen a las protestas. ¿A dónde se quiere llegar?. Los reclamos se hacen con amenazas, a veces con expresiones impropias de docentes y en momentos muy inoportunos.

El gran interrogante es qué se ha perdido en la Argentina para que se generen espontáneamente este tipo de hechos. Tal vez se perdieron hábitos culturales que permiten advertir cómo -con o sin razón- hay una pérdida de confianza. Nadie cree en nada ni en nadie y esto puede llevar a laberintos sin salidas.

Y, aclaremos algo, peticionar un aumento de sueldo es legal y es posible que muchos no ganan lo que deben pero -como sucede en los escenarios laborales privados- hay un reconocimiento de cuando se debe y puede pedir y cuando no. El trabajo está por encima y hay que cuidarlo por sobre todo.

Las demandas de esta semana hacen suponer que algunos gremios creen que las arcas del Estado tienen una capacidad infinita y no es así. Debería generarse la idea -o la convicción- de que el Estado somos todos y que no hay porqué forzar resoluciones al menos que sean necesarias o imprescindibles.

Algo más. Hay una situación muy grave dentro del campo del federalismo. Lo que se acuerda con la Nación, no siempre lo pueden pagar las provincias y el sistema educativo es responsabilidad de ellas que no pueden aumentar los impuestos para incrementar los sueldos de sus agentes porque la gente no puede pagar más; tampoco se puede dejar de hacer o interrumpir obras públicas que se necesitan. Entonces hay que reclamar aumentos dentro de un contexto general, no pensando sólo desde y para un sector.

Así se viven crisis que podrían evitarse. La existencia de una crisis -sea económica o política- entorpece el panorama general porque ella significa un cambio importante en el desarrollo de procesos ya sean laborales y/o intelectuales. De manera que no es un hecho menor generar una crisis.

La crisis de la educación es innegable y fácil de observar y demostrar. Los egresados de los distintos ciclos de enseñanza han aprendido menos que hace diez o quince años atrás. Las escuelas siguen funcionando y tratando de cumplir los exiguos 180 días de clases anuales pero la calidad educativa se ha perdido de tal manera que deberían formarse grupos de pedagogos expertos para proyectar su recuperación.

El núcleo es una crisis de confianza que necesita ser superada.