En oportunidad de celebrarse recientemente el Día Mundial sin Humo, fecha en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda los estragos causados por el tabaquismo y la necesidad de crear conciencia para frenar el hábito, se expusieron diferentes estrategias para dejar de fumar. Una de ellas la puso en marcha la Unión Europea, con la exigencia de etiquetas genéricas como complemento de la prohibición publicitaria a las tabacaleras, en tanto el organismo de la ONU aconsejó subir los precios para que el bolsillo sea un condicionante.

En la Argentina los valores de los cigarrillos tuvieron un efecto disuasivo contundente: la venta se desplomó en mayo un 44,3% con respecto al mes anterior. Cayó de 177 millones de atados a 98,5 millones en ese período, según datos del Ministerio de Agroindustria de la Nación. El sensible retroceso se produjo debido a la suba de entre 70% y 80% dispuesta en la alícuota de impuestos internos aplicada por el Gobierno nacional, lo que se tradujo en un aumento en los precios de los cigarrillos en un promedio cercano al 50%. Señala el informe oficial que el pico más reciente de venta se dio en diciembre último, cuando se comercializaron 209,7 millones de atados, mientras que entre enero y mayo el volumen fue de entre 160 y 170 millones de paquetes. En este contexto, la venta de 98,5 millones de atados de mayo representa el peor desempeño en 11 años, de acuerdo a esos registros. De hecho, en base a las estadísticas oficiales, la venta de paquetes de cigarrillos nunca perforó hacia abajo el piso de los 100 millones de atados comercializados desde que se realiza este tipo de medición. Tal vez sea la consecuencia más saludable de los ajustes que soportan los consumidores argentinos.