¿Cuál debe ser el perfil del funcionario político encargado de la seguridad? Para la respuesta no hay que tener en cuenta solo lo que le quede cómodo al Gobernador, porque la pregunta apunta al cargo, más allá de esta gestión. Y si esa personalidad al ser de una u otra forma, es decir, más blanda o más dura, más intelectual o menos inteligente, ayudaría o no a bajar los índices de inseguridad. Fue, es y será todo un debate, y no sólo para el cargo de Ministro de Gobierno, también corre para todos los puestos políticos de envergadura, donde Gioja ha priorizado la fidelidad. Pero el de Ministro de Gobierno es distinto. Quién se sienta en ese sillón está expuesto a que en cualquier momento surjan situaciones de muy fuerte estrés: una toma de rehenes o una reyerta en el Penal, por ejemplo, donde las capacidades personales de alguien que toma decisiones pueden ser claves. Esa persona, y sólo a modo de ejemplo, también debe soportar una constante presión social. Nunca la gente va a decir que en materia de seguridad las cosas están bien, aunque de verdad lo estén. Siempre hablará de seguridad para quejarse. No ocurre con otras carteras, en las que hay presión, pero no de la vida en manos de delincuentes. Entonces, ¿Influye en el rendimiento del Ministro de Gobierno las capacidades naturales de la persona que esté en ese cargo? En todo trabajo, sí, en la función pública y en ese puesto en particular, parece que no. O al menos no para este Gobierno. Al anterior ministro, Emilio Fernández, se le achacó falta de personalidad y de idoneidad para moverse entre policías y hasta entre sus pares. La pregunta queda flotando: ¿Cómo es Adrián Cuevas, el actual ministro de Gobierno? Algunos creen que por lo hecho hasta este momento por Cuevas, Gioja repitió la fórmula. Y ojo, porque la inseguridad ,o sensación de inseguridad como les gusta decir a algunos funcionarios, crece, por más que los índices se queden quietos.

Cuestión de sentimiento

La llamada "sensación de inseguridad" fluctúa al ritmo de los hechos graves, al menos de cara a la opinión pública. Si en una semana hay uno, dos o tres delitos graves, las personas empiezan a tener miedo por sólo haber escuchado de lo ocurrido y aunque ese hecho no le afecte en nada, ni a esa persona ni a un familiar. Esa alarma que se enciende en la gente no se traslada en igual proporción a las estadísticas y acciones policiales. Para la Policía son sólo uno, dos o tres hechos más, que no varían las estrategias, porque de variarlas, se partiría de diagnósticos errados y, a su vez, se harían acciones equivocadas. No es lo mismo que un ladrón mate a alguien al entrar a robar, que un narco mate a otro por viejas rencillas entre sí, o porque quisieron robarse mutuamente. En ambos casos hay un crimen, pero de distinto impacto investigativo. Es ahí, entonces, donde las capacidades políticas deberían entrar a la cancha para tratar de calmar esa creciente sensación popular que en lo científico de la estadística no existe. Explicar lo ocurrido o decir qué se está haciendo, dependiendo de la situación y el hecho, pueden ser una buena herramienta. No puede ser el Gobernador el que ponga la cara en esa estrategia, porque de no lograr buenos resultados el final sería desastroso. Debe ser un fusible, que hoy, evidentemente no está. Gioja prefirió volver a ser él.

Y ojo que abril no viene de lo más tranquilo: según los registros de DIARIO DE CUYO, en apenas 7 días se registraron 5 casos de robos con armas dentro de viviendas que terminaron con víctimas heridas: un comerciante en Rawson herido con un arma de fuego, otro en Santa Lucía acuchillado, una mujer en ese mismo departamento herida a cachazos, una familia atacada con armas de fuego en Capital durante el apagón de la semana pasada. Y el crimen en Chimbas, donde un joven padre perdió la vida en su propia casa a manos de un ladrón.

En marzo predominaron los robos con la modalidad del escruche (en ausencia de moradores). Al menos 7 hechos: 2 contra una fiscal y un juez. Hubo por lo menos un asalto a mano armada en la casa de una familia y 2 personas heridas a balazos en robos callejeros. En febrero hubo por lo menos 3 asaltos con armas en casas de familia. Y por lo menos 6 escruches, dos contra funcionarios. Para cerrar, en enero hubo al menos 5 asaltos a mano armada en casas de familia. Y, según los mismos registros periodísticos, 11 escruches (incluido uno a un funcionario).

La estadística mensual dice que en enero, febrero y marzo, la cantidad de asaltos violentos varía entre los 5 y los 7 por cada mes. En abril ya hubo 5 en sólo 7 días.

Gioja ha preferido repetir la fórmula en ese Ministerio, colocando a alguien cuya personalidad se ajusta a lo de "mejor perfil bajo". Gioja no le puede pedir a Cuevas, primero que no haga sombra, y luego que lo salve, porque no serían las mismas personas. Habrá que ver qué pasa cuando la curva de la inseguridad trepe, porque ocurrirá. Y luego volverá a bajar, porque está comprobado que así ocurre. ¿Aguantará Cuevas como lo hizo Fernández?