Los argentinos celebramos hoy el 195º aniversario de la heroica decisión de los congresales de Tucumán de declarar solemnemente la independencia nacional. Esta fiesta requiere recuperar la vigencia del patriotismo.

Jorge Luis Borges, de quien este año se cumplió 25 años de su fallecimiento, definió al patriotismo en uno de sus poemas, conmemorativo del sesquicentenario del 9 de julio de 1816, señalando que "Nadie es la patria pero todos lo somos”. Ninguna persona, partido político o sector puede arrogarse la representación de ella, ya que la forman todos quienes se sienten argentinos. La patria tiene que ver con el arraigo, la tierra de los padres. Es algo que se vive, pero que a la vez se lleva dentro.

El poema del gran escritor, "Oda escrita en 1966” del volumen "El otro, el mismo de 1964”, entre otros conceptos afirma: "’Nadie es la Patria. Ni siquiera el tiempo cargado de batallas, de espadas y de éxodos” y agrega: "La Patria, amigos, es un acto perpetuo como el perpetuo mundo”. Pero tras hacer referencia a quienes declararon la independencia en circunstancias por demás difíciles para la emancipación americana, finaliza diciendo: "Somos el porvenir de esos varones, la justificación de aquellos muertos; nuestro deber es la gloriosa carga, que a nuestra sombra legan estas sombras, que debemos salvar. Nadie es la Patria pero todos lo somos”.

Los argentinos suelen decir que no tienen identidad; son los únicos que creen que no la tienen. Sin embargo, son fácilmente identificables del resto de los países sudamericanos. El problema es que somos Borges, el escritor latinoamericano de cultura más universal, y Maradona, el ídolo popular amoral, al mismo tiempo. Lo difícil de asumir es que somos ambas cosas a la vez. Es que somos un pueblo complejo, ambiguo y contradictorio. El sentimiento de patria se incentiva en la familia, la escuela y con políticas del Estado, para que no pierdan valor los desfiles, el uso de la escarapela y el embanderamiento de casas y edificios, hechos que hacen a la cultura del patriotismo. El debilitamiento de estas manifestaciones tiene un rol importante en la falta de percepción de los valores patrióticos, lo mismo que la ausencia de conocimiento de la historia. El patriotismo requiere abandonar el egoísmo social, la subestimación de lo propio y la negación de la historia.

Lo actuado por los congresales de 1816 requiere imitación para mirar y construir el futuro sin divisiones ni resentimientos, y aprendiendo que la libertad es un don y una tarea, pero para unir y trabajar apasionadamente por el bien de todos, que es el bien de la Patria.