La deplorable situación en que se encuentran algunos edificios escolares, como consecuencia de los reiterados ataques perpetrados durante el receso educativo, requiere urgente solución. Los hechos vandálicos afectan tanto a las escuelas rurales como a las urbanas, ocasionando pérdidas cuantiosas en la infraestructura o por robos de equipamiento.

Urge que las autoridades educativas y policiales implementen un sistema que vaya más allá de las habituales rondas de vigilancia, fuera de los horarios de clase, y con mayor efectividad. Hay cientos de casos de porteros y policías, a cargo de la seguridad de escuelas, que presentan serias fallas según lo demuestran los hechos. Por ello, se debe reforzar o intensificar esas guardias para custodiar debidamente el patrimonio escolar, y la policía es la única capacitada para esa tarea.

Los efectivos policiales son los que pueden actuar ante una contingencia de estas características, ya que cuentan con la posibilidad de advertir, controlar y proceder en consecuencia con quienes sean atrapados infraganti, atacando a una escuela.

Se estima que el problema del ensañamiento con las escuelas no se va a solucionar definitivamente hasta tanto no penetre en lo más profundo de la sociedad con normas y valores que lleven a niños y adolescentes a respetar aquellos bienes que pertenecen al Estado, pero que están a disposición de toda la ciudadanía, como son los establecimientos educativos.

En tanto las fuerzas específicas son las que pueden velar con idoneidad por la integridad de ese patrimonio, con la asignación de efectivos cuya presencia disuada cualquier ataque o alertar sobre la presencia de malvivientes merodeando las instalaciones.