La administración de la educación, en su compromiso, debe efectivizar procurar un eficaz reconocimiento del profesor por su grado académico alcanzado, su nivel de formación adquirida y sus prácticas en la ciencia pedagógica; lo determina como tal, los cursos y carrera docente simultáneos a la especialización de un área o saber con no menos de cuatro años de profesorado. No hablamos de la capacidad de enseñar o de la habilitación para ejercer la docencia, sino que nos referimos al profesional de la educación por excelencia, es decir, al "docente profesor”, no a cualquier docente, sino aquel de cuyo ejercicio se advierte la diferencia con otras profesiones liberales.
Nuestra educación merece mayor claridad en conceptos claves que establecen, no solo sus objetivos, sino que, además, determinan los fines de la formación del niño y el joven, futuros ciudadanos. Desde el sigo IXX y hasta hoy, sigo XXI, hemos superado el segundo milenio con distintas corrientes de pensamientos políticos, filosóficos y educativos que no han clarificado y diferenciado correctamente al educador como profesional responsable en su perfil adquirido. Ahora, en este tercer milenio de un mundo competitivo, tecnológico y de un mercantilismo tenaz, el pedagogo argentino tiene por misión señalar la figura del profesional de la educación que debe marcar los rumbos de los destinos de la educación de nuestro pueblo. Ni un político o sagaz profesional debe interferir o hacer confundir la única imagen proyectada por el mismo Sarmiento en el "maestro” del pueblo. Enriquecido este concepto y jerarquizado hoy con el de "profesor” se abre una nueva perspectiva que propone a las "ciencias de la educación” un mayor sinceramiento en el ejercicio protagónico de sus estudios para con el enseñante y un mayor compromiso frente a la pedagogía como ciencia de la educación. Es que quienes incursionan en este campo no pueden, ni deben, entorpecer los destinos que en la calidad educativa requieren nuestros niños y jóvenes para promocionar en el saber y formarse como personas.
Los profesorados universitarios y terciarios no universitarios avalados por el Estado hasta el día de hoy, no han sido verdaderamente reconocidos para la función docente como una profesión diferenciada. En detrimento de ello, cientos y miles de docentes que no son profesores y que coexisten en nuestro sistema educativo y fuera de él, buscan promoverse por un espacio en la educación y pretenden "jerarquizar” haciéndolo a través del salario como "trabajadores de la educación”. Posición falaz de administradores y delegados de la educación que no son pedagogos pero que sin embargo, incursionan y neutralizan acciones concretas que den autonomía profesional al profesor.
Por su parte los gremios docentes nada favorecen a la jerarquización del profesor, pues, como defensores de estos, han olvidado al maestro (mero concepto simbólico propio de reconocimientos festivos u honras tradicionales) despreocupándose del profesor y resaltando la embanderada frase "todos somos docentes”.
Hoy por hoy el propio enseñante con título docente para el nivel inicial, primario, secundario y superior es quien debe ser reconocido. En vista de ello se hacen necesaria la formación de un consejo de profesores, que como colegio profesional, nuclee a todos quienes, en diversos niveles, modalidades y grados, hayan obtenido el título de profesor en una materia que da absoluta idoneidad al enseñante, para así poder afirmar sin reparo alguno, que nuestra sociedad reconoce a quién es "de profesión, profesor”.
Así como las juntas de clasificaciones, reconocen por sus listados de ingreso y ascensos en el nivel primario quienes son los profesores de enseñanza primaria, las juntas de Nivel Medio y Superior deben elaborar listados de iguales características para que en cada Instituto Educativo la comunidad visualice quienes son profesores respecto de quienes son docentes (con otras titulaciones) pero que no han alcanzado el título profesional de profesor.
Esta visión nos introduce de alguna manera al modelo de paradigma presentado, requerido para el educador y que está formado por la tríada: título docente de profesor por el profesorado; legislación para la carrera docente y su colegiación, y ejercicio profesional para todos los sistemas educativos. En conclusión, jerarquizar la docencia "no es tener un mayor sueldo” sino tener título docente de profesor, ingresar a la docencia por concursos y tener la formación pedagógica de los profesorados creados para tal fin.
(*) Pedagogo, filósofo, escritor.
