Los sistemáticos ataques al medio ambiente siguen sin medidas para frenar los catastróficos efectos del cambio climático, porque se anteponen intereses económicos y políticos. El reciente caso del periodista Hang Serei Oudom, del diario Vorakchun Khmer de Camboya, encontrado muerto en el baúl de un auto, fue la respuesta a las investigaciones sobre la tala ilegal de árboles que involucra a poderosos empresarios y a altos funcionarios del gobierno camboyano.
Es la contradicción de una sociedad global que pregona políticas proteccionistas del hábitat pero no detiene la irracionalidad. La supervivencia está en relación directa con la calidad de vida de la humanidad y de todos sus seres, aun de las cosas inanimadas que cumplen un rol en la compleja creación del universo. Resulta preocupante conocer que de los 5 millones de deforestación neta anual a nivel global, 4 millones se perdieron en Sudamérica. Según un estudio actualizado de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, se trata nada menos de una depredación que se ejecuta a un promedio de diez hectáreas por minuto y documentadas por las imágenes satelitales aportadas fundamentalmente por la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos.
Días atrás se denunció una tala ilegal sistemática en la República Democrática del Congo, con el agravante que encumbrados funcionarios y varias empresas extranjeras violan impunemente las leyes vigentes acordadas a nivel mundial para prevenir la deforestación a escala industrial. Mientras tanto, el clima parece hablarnos con un lenguaje que ni los científicos pueden explicar, un preaviso que los gobiernos no quieren ver.
