Hoy se habla mucho de democracias desvirtuadas y fraudes electorales, que hacen recordar nefastas épocas de la historia de nuestro país.
El primer golpe de Estado de la era constitucional ocurrió en 1930, encabezado por el Gral. retirado José Félix Uriburu, quien derrocó al gobierno legítimo presidido por el radical Hipólito Yrigoyen. Prometió llamar a elecciones, pero influenciado por jóvenes que descreían de la democracia, intentó reformar la Constitución, abolir la Ley Sáenz Peña y transformar el Congreso en una Cámara de "fascios+ o corporaciones. Otra línea golpista, encabezada por el Gral. Agustín P. Justo, pergeñó la idea de hacerse con el poder y establecer una democracia simulada, objetivo que logró mediante fraude electoral, en las elecciones presidenciales de 1932. Fueron años, políticamente, vergonzosos. Se manipularon elecciones cambiando urnas, amenazando fiscales y hasta hubo tiroteos y muertes. Un periodista llamó a esta época la "Década infame+ que también fue desastrosa para el mundo.
Avanzaron los totalitarismos, encarnados por Hitler en Alemania, quien en 1939 con el ataque a Polonia, desencadenó la 2da Guerra Mundial y el comunismo soviético que bajo la idea de una sociedad sin clases encubrió una terrible represión interna con la muerte de millones de campesinos que se oponían a la reforma agraria. En EEUU, Francia e Inglaterra había millones de desocupados y en España se desató la guerra civil. Estos hechos influyeron en el pensamiento político argentino y desataron una crisis económica que se hizo sentir profundamente hacia 1932. Las clases dirigentes en su afán de preservar sus intereses, desvirtuaron la democracia. Para sortear las dificultades, el Gral. Justo creó el Banco Central y, cuando la demanda exterior disminuyó e hizo caer el precio de las materias primas, reguló sus producciones. Fue cuando en Mendoza los excedentes de vino, se volcaron en las acequias.
Para que Inglaterra siguiera comprando nuestras carnes congeladas, envió a un hijo de Julio A. Roca a negociar, elaborándose el Tratado Roca-Runciman, que confería ventajas a los ingleses en el manejo de frigoríficos, ferrocarriles y red tranviaria. Justo era militar e ingeniero civil y había construido miles de km de rutas asfaltadas, paralelas a las vías férreas administradas por los ingleses, perjudicando sus ganancias y entendía que había que resarcirlos. Mientras se trataba en el Senado y Lisandro de la Torre expresaba con vehemencia su oposición, un matón a sueldo le disparó asesinando a su compañero Enzo Bordabehere, que se interpuso para defenderlo.
Las instituciones funcionaban, pero no se respetaban valores de la democracia como la tolerancia y el diálogo.
En medio de tantas falencias políticas, la clase obrera migró del campo a la ciudad empleándose como mano de obra barata de una incipiente industria liviana que florecía ante la necesidad de insumos y que hizo disminuir el desempleo.
La tolerancia que no existía en lo político, la hubo hacia todo tipo de expresiones culturales. Victoria Ocampo fundó la revista "Sur+ y Borges publicó "Historia universal de la infamia+. Por sus gestiones en el conflicto bélico entre Bolivia y Paraguay, Carlos Saavedra Lamas, canciller de Justo, recibió el Premio Nobel de la Paz. Los momentos difíciles hicieron surgir un tango "Cambalache+, escrita en 1935 por Enrique Santos Discépolo.
Fue una época marcada por la muerte en accidente de Carlos Gardel y los suicidios de Alfonsina Storni, Lisandro de la Torre y el de Leopoldo Lugones, el mismo día que asumió la presidencia, también mediante fraude electoral, Roberto Ortiz, sucesor de Justo. Ortiz se propuso erradicar el fraude, pero su salud no lo ayudó y el vicepresidente Ramón Castillo, asumió el poder en 1940 y continúo con ese deleznable proceder. El auge económico vino mediante la creación de organismos industriales dependientes del Ejército y la Armada. Por eso cuando en 1943, Castillo, intentó imponer como presidente al industrial salteño Robustiano Patrón Costa, los militares involucrados lo derrocaron e impusieron al Gral. Pedro P. Ramírez, reemplazado más tarde por el Gral. Edelmiro J. Farrel.
Y el pueblo ¿por qué no reaccionaba en defensa de la democracia? ¿Por qué toleraba fraudes y golpes militares? Pues porque se vivía bien con un sueldo y sobraba para la diversión. Nuestros productos eran requeridos por una hambreada Europa de post guerra y la economía marchaba bien. Pero las etapas concluyen y aún sin fraude electoral, se sucedieron gobiernos que a sus logros sumaron abuso de poder, inestabilidad política, golpes de Estado o democracias restringidas.
Esta experiencia histórica permite deducir que el país se encaminará hacia un desarrollo sostenible y con bienestar para todos sus habitantes, cuando los gobiernos respeten los valores de las auténticas democracias. Otras interpretaciones, significarán siempre dolorosos retrocesos.
