Pensemos en la perseverancia, en la lealtad, en el compartir, en la solidaridad, en la disciplina, en el sacrificio, en el esfuerzo y en la tenacidad, para obtener resultados satisfactorios. Sin duda, más allá del talento se precisa un activo de coherencia estética para no perder nuestra orientación humana. Por desgracia, ahora lo que importa es provocar el mayor impacto, y cosechar el mayor triunfo a cualquier precio. Da igual cómo se consiga.
No interesa el espíritu deportivo que, en el fondo, es una metáfora de nuestra vida, una imagen de los sacrificios necesarios para crecer en las virtudes que forman y conforman nuestro específico carácter. Precisamente, se me ocurre instar a los lectores, a tomar parte y partido, en programas de educación física y actividades deportivas, lo cual, indudablemente, contribuye a integrarnos todos con todos, y al tiempo, cosechamos también salud. Nada se entiende sin equipo, los mismos gobiernos, las organizaciones internacionales, y hasta la mismísima promoción de la conciencia ambiental, en un planeta tan castigado por las barbaries humanas, se comprendería sin la colaboración de cada ciudadano.
Con razón, hemos de ser ciudadanos del mundo en el equipo de la vida. Se me ha ocurrido pensar en el ejercicio más competitivo, no en el negocio del deporte, porque hoy más que nunca urge un cambio social en el que prevalezca una cultura donde predominen valores fundamentales como la igualdad, la aceptación de normas, el respeto mutuo y la imparcialidad, algo que verdaderamente es inherente a ese espíritu deportivo que hoy se requiere hasta en política.
Si trascendental son las enseñanzas deportivas para nuestras habitaciones interiores de vida y convivencia, también el propio cuerpo humano ha de concienciarse para que el equipo mejore la salud, habite donde habite. Hemos celebrado el Día Mundial de la Salud, en la que se nos invita a todas los seres humanos a prestar una atención especial al problema de la diabetes, que según las previsiones de la OMS, será la séptima causa de defunción para 2030.
Como siempre todo en equipo, con actitud mundializada, los problemas son globales y la salud es lo que da consistencia a nuestra concreta existencia. A mi juicio, es fundamental el apoyo social de ayudas y de servicios sociales, orientados sobre todo al respeto de la dignidad, de las necesidades de la persona asistida, pero también de quienes les asisten, familiares y agentes profesionales.
Aquí también ha de funcionar el equipo, para que la experiencia de los cuidados se convierta en una experiencia única, tanto profesional como humanamente. Al fin, solo una vida vivida para los demás merece ser recordada, revivida, reanimada. Este es el verdadero gozo; un modelo de felicidad, opuesto al que habitualmente se nos convida, en una época de tantas incertidumbres y apariencias. Nos vendrá bien utilizar el ánimo gimnástico para liberarnos de la apatía y de la indiferencia, y de este manera, poder suscitar un alma de equipo, aprovechando el potencial del deporte, a través de su lenguaje universal, consistente en poner esta actividad al servicio de la humanidad, promoviendo una sociedad pacífica y estilos de vida más sanos a partir de los valores del ejercicio físico, de los valores de gratuidad, del compañerismo, de la belleza en definitiva, al ser portadores de humanidad.
