La lucha contra la corrupción genera resistencia. Actualmente la más férrea es la del presidente guatemalteco, Jimmy Morales, que quiere expulsar de su país a la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG), cuya eficiencia despierta envidias en todo el mundo, en especial en aquellos países donde los sistemas anticorrupción fracasan.


La actitud de Morales desnuda un gran conflicto de interés. En su campaña, bajo el lema "ni corrupto, ni ladrón", había garantizado que la CICIG operaría en el país hasta finales de 2019. Sin embargo, ahora declaró persona non grata al titular de la entidad, Iván Velázquez, y amenazó con expulsarlo. Su venganza es porque el Comisionado pidió levantar su inmunidad presidencial por haber recibido dineros sucios para su campaña y porque procesó a uno de sus hermanos y a su hijo por otros delitos contra el Estado.

 

El caso Odebrecht desnudó el concepto de cartelización de la corrupción.

 


Por suerte en América latina, la región en donde la corrupción es histórica, estructural y cultural, se observan buenos avances en su contra, como lo admite el presidente de Transparencia Internacional, José Ugaz. Uno de los casos más sonados lo lideró en su país natal contra la dupla Fujimori-Montesinos y ahora es en Brasil, donde el caso Lava Jato desató la caída de poderosos en toda la región, como la del ex presidente peruano Ollanta Humala y su esposa.


La importancia del caso brasileño de Marcelo Odebrecht es que ha desnudado el concepto de cartelización de la corrupción, lo que Velázquez está tratando de extirpar de Guatemala. No sólo es gente y funcionarios que quieren beneficiarse del Estado, sino grupos poderosos, públicos y privados, que actúan en complicidad orquestando carteles públicos con rasgos de crimen organizado. Desde el poder, su máximo objetivo es crear mantos estructurados de impunidad difíciles de penetrar.


Ugaz da otra dimensión a esta cartelización. Ya no habla de corrupción sino de la "gran corrupción". Considera que la corrupción dejó de ser un problema moral como se la percibía hasta hace tiempo. Ahora dice que tiene una fuerte implicancia económica, ya que los dineros que algunos pocos roban para su cartel, impactan negativamente en la sanidad, la educación, la pobreza, el desarrollo y la gobernabilidad. Plantea que hay que atacar en forma integral a la corrupción, no sólo aumentando los castigos o declarando imprescriptibles esos crímenes. Precisa que además de reformas de políticas públicas, se necesita educar contra la cultura de la corrupción. Le alarma que el 78% de la población considere que la corrupción "es el pago de una contraprestación recibida, casi una transacción normal común y corriente cuando en realidad es un hecho delictivo".