San Juan es una de las provincias que más avanzó en el problemático proceso de recolección y procesamiento de la basura domiciliaria e industrial, con una planta clasificadora que se muestra al país como ejemplo de saneamiento del medio ambiente. Sin embargo, según se observa en las áreas urbanas, no existen recipientes para los deshechos de equipos electrónicos ni tampoco se orienta a la población sobre los riesgos de tirar aparatos en desuso porque contienen componentes peligrosos para la salud.

Arrojar junto con los desperdicios orgánicos y residuos habituales los monitores, computadoras, o impresoras en desuso o partes de estos equipos, por ejemplo las baterías, son una amenaza para el organismo y para el ambiente por efecto de la contaminación. Los especialistas en sistemas de información y tecnologías aplicadas al equipamiento de oficina u hogares, señalan que, en promedio, los aparatos informáticos contienen un 3% de elementos potencialmente tóxicos, como plomo, mercurio, berilio, selenio, cadmio, cromo, sustancias halogenadas y otras ignífugas como arsénico y amianto que pueden ocasionar daños ambientales o a la salud si se arrojan a los basureros.

No es así cuando estos componentes están en funcionamiento o almacenados correctamente. También hay un perjuicio económico potencial, ya que esta basura tecnológica es aprovechable: se puede reciclar un alto porcentaje de cada equipo y, en particular, los metales que contienen. De allí la importancia de recuperar los dispositivos, o utilizarlos como material de estudio si se donan a escuelas técnicas, siempre que las piezas aprovechables no presenten riesgos para los alumnos. Lo importante es crear conciencia y la mejor forma de desprenderse de ellos.

La llamada "e-basura" que se arroja anualmente en la Argentina es de más de 140.000 toneladas, o alrededor de 7 kilos por habitante, y casi la mitad la produce la provincia de Buenos Aires, donde estos niveles son preocupantes y ha dado lugar a un programa conjunto de la Universidad Nacional de La Plata y el Gobierno bonaerense para el reciclaje y generar conciencia. El proyecto comenzó en 2009 con la consigna de que todo lo que usa electricidad para funcionar tiene algún componente reciclable, por lo cual si lo tiramos, estamos enterrando recursos naturales no renovables.