Sin embargo, en tiempos de la cibernética, de la biogenética, de la informática y elevados conceptos de la libertad, la manipulación interesada sigue perturbando el libre camino de la humanidad que anhela la luz esclarecedora para su entendimiento. En ese marco conceptual, aseveramos que ‘un millón de mentiras no construirán jamás una sola verdad’’, de la misma manera que resulta absurdo creer que ‘la abundancia de información manipulada y confusa pueda contribuir al esclarecimiento de la ansiosa avidez humana’’. Tal el caso de la perversa deuda externa argentina. Sabemos que existe y del caro costo humano soportado ante sus nefastas consecuencias por nuestra estoica sociedad, pero no todos sabemos por donde transita su importancia y valoración desde la soberanía de una nación.
Cuando el país declaraba el default de una parte de su deuda pública nacional el 23 de diciembre de 2001, la deuda representaba el 54% del PBI. El mundo observaba que en Argentina se había producido el mayor cese de pagos de la historia contemporánea en el planeta. La escandalosa deuda ascendía a la escalofriante suma de U$S 144.000 millones. ¿Por qué desde este panorama tremendo los argentinos -hoy- hacemos gala de un nuevo posicionamiento al respecto?
El crecimiento sostenido durante 10 años en torno al 8% anual -un ‘inédito argentino’’- funda desde la autoridad que genera la decisión política, un análisis de situación favorable en su proyección, que admite en ese sentido, aun en medio de la crisis global, la planificación a futuro y aunque muchos no crean, son muchos más los que sí creen y apuestan a favor. Lo que se muestra paradójico sin serlo ya que es más bien una regla de economía, la deuda nominal actual es más grande -U$S 175.000 millones-, según los datos suministrados por el BCRA, pero ahora equivale al 42% del PBI. En esta relación el peso que soporta la economía argentina es menor, la presión sobre su deuda disminuyó tangencialmente. Si analizamos los casi U$S 47.000 millones de reservas es otro dato halagüeño porque comparado con los U$S 18.289 millones de 2001 surge la evidencia inusual argentina de que sus reservas crecieron, aumentaron tres veces más con el antecedente haber pagado su deuda con el atormentador FMI por un valor de U$S 9.500 millones. Desde el punto de vista táctico significó confianza en los interno y generó una mirada distinta en el mundo. Argentina se posicionaba de otro modo y si bien pagaba una fracción de su deuda, proyectaba y anunciaba su vocación por reestructurar su deuda de U$S 7.000 millones con el Club de París sin la intervención del FMI, estimándose el acuerdo para el 2012 cuando el mundo habla de crisis económica y financiera. No se puede negar que Argentina, desde 2005, ha refinanciado auspiciosamente el 92% del total de su deuda. Esta vocación es sorprendente y no la tiene hoy ningún país del mundo con antecedentes tremendos como los que vivió el país.
Cuidado que no todas son loas. ¿Cómo entender que este año tengamos un déficit financiero de U$S 5.000 millones si nuestra economía tendrá un superávit de U$S 3.000 millones? El labrado superávit se lo come el interés que genera la deuda y en este caso fue de U$S 8.721 millones. Ahí está la respuesta. Toda deuda genera intereses y aunque estemos distendidos ese aspecto no debe descuidarse. Hay que mirar con cautela a Estados Unidos y a wall street. Ellos mismos se están convenciendo que deben cambiar las reglas de juego. A pesar de su alterada economía el dólar crece y sigue siendo moneda fuerte. Esta paradoja tiene visos de irrealidad ¿Hasta cuando?