El emblema del Folclore Argentino, aprobado por el I Congreso Nacional de Folklore (1949), representa la disciplina en un árbol. El folclore hunde sus raíces en la tierra nutricia, es decir en la tradición y extiende 3 ramas hacia ambos lados. Las primeras representan el pensamiento, el sentimiento y la imaginación del pueblo, y la cuarta, la obra de sus manos. Una banda lo envuelve con la inscripción: "Qué y cómo el pueblo piensa, siente, imagina y obra". Las hojas árbol expresan la juventud primaveral de la ciencia. Las palomas: la unión espiritual y material en el amplio cuadro del folclore.

Han pasado 153 años desde que Ambrose Merton (seudónimo del anticuario inglés William John Thoms), diera a conocer públicamente la palabra "folklore", vocablo combinado que él creó en 1846 para definir el saber tradicional del pueblo, y que pronto daría inicio a la ciencia de lo que se sabe del pueblo pero a través de la investigación sistemática.

Calificados folclorólogos e investigadores vienen enseñando desde hace un siglo y medio que, para que un hecho pueda ser considerado fundadamente folclórico, debe tener las notas de ser tradicional, popular y anónimo, mientras que si carece de alguno de estos caracteres distintivos, podrán ser a lo sumo obras de proyección folclórica.

Sobre esto han sido contestes las voces autorizadas de Augusto Raúl Cortázar, Félix Coluccio, Juan Bautista Ambrosetti, Juan Draghi Lucero, Juan Alfonso Carrizo, Carlos Vega, Alfredo Poviña, entre muchos otros. Este último, además, fue pionero en nuestro país para que se permitiera la escritura de la palabra folclore con "c" y no con "k", como era habitual hasta entonces. Ya existían precedentes en Brasil sobre el tema, y a la fecha el diccionario de la Real Academia Española admite tal grafía, sostenida desde hace décadas en nuestro medio por mi padre, don E. Gabriel Guzzo, quien fuera investigador en la materia.

En el Día Mundial del Folclore, fecha establecida por el Primer Congreso Internacional de Folclore realizado en Buenos Aires en 1960, resulta oportuno saludar cordialmente a quienes respetan y cultivan las más diversas expresiones folclóricas.