En un hecho sin precedentes en la era chavista, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, inició el jueves último un diálogo con los líderes de la coalición opositora en busca de coincidencias para promover la convivencia y la reconciliación en esta nación envuelta en una profunda crisis política y social, con un saldo de 40 muertos y más de 600 heridos. También están dispuestos a discutir temas polémicos, como una amnistía para los dirigentes políticos encarcelados por disentir con el Gobierno.

La esperada y atípica reunión en el Palacio de Gobierno de Caracas, se pudo lograr gracias a la presencia de terceros para garantizar la buena fe de las conversaciones: los representantes de la Unasur, los cancilleres de Colombia, Ecuador, y Brasil y el nuncio apostólico en Venezuela, portador de una carta del papa Francisco, en la que exhortó al gobierno y a sus opositores a dejar de lado sus diferencias políticas para alcanzar la pacificación nacional. El encuentro se prolongó hasta la madrugada de ayer y fue televisado.

La mesa de discusión ha quedado abierta y se prolongará por el tiempo que determine una agenda de trabajo todavía imprecisa por la rispidez de los temas. La oposición culpa al gobierno socialista por la destrucción de la economía con la inflación más alta del mundo, las altas tasas de homicidios y criminalidad, la violencia política y la utilización de la Justicia para criminalizar la disidencia, mientras que Maduro tilda de "fascistas” y "apátridas” a los críticos de su administración y sostiene que sus adversarios, con el apoyo de Estados Unidos buscan derrocarlo.

Venezuela se ha visto sacudida desde febrero por protestas en contra la situación caótica que soporta la sociedad, desbordada por el desabastecimiento de bienes básicos con escalada de precios, la criminalidad y una represión sangrienta con grupos armados identificados con la revolución bolivariana. Ante este panorama, el principal referente de la oposición, Enrique Capriles, reafirmó ante Maduro que el sector rechaza de plano un golpe de Estado ni busca estallido social para derrocarlo, sino unir a Venezuela en el marco institucional de la división de poderes que señala la Constitución del país.

No será fácil el entendimiento y menos las soluciones, si no se deponen las posiciones intransigentes. El Papa, preocupado, hizo votos para que se "produzcan los frutos de reconciliación nacional y paz, dones que invocamos para todo el pueblo venezolano”. Francisco actuó como estratega ante actores irreconciliables.