Dentro del mes del Día del Niño, el próximo domingo 16 conmemoraremos a San Juan Bosco que nació en una familia humilde de I Becchi, Reino de Piamonte, en l815.

Don Bosco dedicó toda su vida a los niños adolescentes y jóvenes; él mismo les proveía alimento, abrigo y casa, en una época de mucha pobreza a causa de la posguerra, generando un movimiento social-religioso revolucionario.

De niño sufrió la orfandad paterna y debió enfrentar la violencia de un hermano que se fastidiaba al verlo estudiar: quería que el niño trabajara.

Hoy época en que se proclaman los derechos del niño vemos que a la vez, hay una realidad de pobreza que lleva o empuja a muchos muchachos adolescentes a la deserción escolar y padres o adultos avalando con machismo que el muchacho "trabaje", un orgullo que apura a vivir antes de tiempo y que a veces ese trabajo llega a desvirtuarse y delinque de a poco. "Qué mejor que la escuela de la calle" dicen muchos con ignorancia o avalando la ignorancia como mejor enseñanza que la sistémica. Afrontemos como sociedad la realidad que nos toca vivir hoy de chicos que se ven inducidos a trabajar "para tener más", para tener vestido, ayudar a vestir a los hermanos, o para tener lo suyo para salidas nocturnas pagadas por sí mismos y que no logran ver otros valores.

Don Bosco dio respuesta a la violencia con el estudio, a los problemas sociales con oratorios que poco a poco fueron conformándose en reuniones programáticas creando un sistema educativo, el sistema preventivo. Su fuerza fue la oración, la unión con Dios, y lo mostró a través de su paternidad universal.

Que Don Bosco nos ilumine y despierte la creatividad para tener niños-adolescentes verdaderamente felices, a los que los adultos les proveamos todo lo necesario. Preparemos la llegada de la Urna que contiene la reliquia de Don Bosco, con algún gesto hacia ellos y que sólo conozca Dios nuestro obrar.