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OPINION

Dos países

Por Colaboradores Diario de Cuyo 8 de agosto de 2010 - 00:00

Ya había hecho lo suyo la ola polar el lunes entrada la tarde, cuando Hugo Chávez anunció que no aterrizaría en San Juan. El portal en Internet del diario Perfil lo anunció así: "Hugo Chávez no va a la Cumbre del Mercosur". Tardaron hasta el martes a la mañana para corregir por un más federal: "Hugo Chávez no viene a la Cumbre del Mercosur". Tarde pero seguro, había demandado algunas horas el trámite de notar que San Juan es el mismo país.

Una hora después de que comenzara en el Centro Cívico sanjuanino la cumbre presidencial, los títulos electrónicos de los principales medios nacionales eran los siguientes. Clarín: "Para Morales, hay senadores que están en la zona gris", en referencia a los que votarán o no el proyecto opositor del 82% móvil para las jubilaciones. La Nación: "Rached: recibí un mensaje que me decía: pedí lo que quieras", en referencia al senador radical que hace dos años empató el tanteador por la 125 e hizo desempatar a Cobos. Perfil: "Con recelo, los barones del conurbano aceptan a Moyano", en referencia a la sucesión anticipada de Balestrini como jefe del PJ bonaerense. Con matices, los canales informativos tampoco entregaron una cobertura en vivo con continuidad y con prioridad a una agenda sin demasiada relevancia. Pero más cerca.

La Cumbre del Mercosur y la llegada de 6 presidentes de la región a San Juan tuvo una dimensión histórica sólo para nosotros, lógico: es la primera vez -y única en mucho tiempo- que esta clase de eventos se realiza en la provincia, pero es la décima en todo el país. Y eso que no vino Chávez, aunque el venezolano o Lula van y vienen a Buenos Aires con asiduidad.

Pero más allá de ese encuadre de histórico o no, lo indisimulable fue que se trataba del ombligo informativo nacional del momento y que por varias razones terminó siendo esquivada entre los medios que se hacen llamar nacionales: ¿la misma Cumbre en el Sheraton Pilar -por caso- hubiera tenido mayor despliegue? A todas luces, obviamente sí.

La primera de esas razones es la afirmación de dos países distintos, como lo atestigua el titular del diario nacional que habló de que Chávez "no va" a la Cumbre. Que es bastante -y lamentablemente- más que un furcio: se trata de una falta de entendimiento alarmante desde la metrópolis sobre la realidad que se vive afuera de ella. A la de adentro -es decir la Capital- ya la conoce todo el país por intermedio de sus imágenes en directo: la rural, los accesos a la Capital para ir a la oficina, Toti Pasman y Fort. ¿Y la del resto? De qué viven, cómo piensan, qué hacen o por qué sufren, sólo comunicados en esfuerzos quijotescos y de bajo rating, porque no le interesa a nadie.

La segunda razón es el efecto de la guerra de los medios nacionales con el Gobierno ídem, con epicentro en esta cumbre, que ofreció títulos nacionales como el desplante de Chávez a los Kirchner por un supuesto naufragio de Néstor en el conflicto Venezuela-Colombia, o fotos como la de Cristina sola en el centro mientras el resto de los presidentes le da la espalda.

Esa batalla parece haberse reflejado en lo que se dijo y no se dijo en la extensión de las coberturas. En este punto incurrieron tanto los más encarnizados con los Kirchner -como Clarín y la Nación- como Perfil que maneja una línea más periodística y hasta canales allegados como C5N.

Claro que no corresponde reclamar a los periodistas que llegan desde Buenos Aires que tengan conocimiento de los temas que ocupan la agenda local. Y mucho menos de sus precisiones. Lo que sí es posible esperar es que se tomen algún momento para documentarse sobre ellos para que las cosas no les parezcan tan extrañas y se pueda comprender a los parajes más alejados.

Se sabe que los datos alterados pueden cómodamente derivar en opiniones equivocadas. Y si esa lógica se traslada a la opinión pública, siempre deriva en daños que son evitables: juicios livianos apoyados en falta de información correcta.

El periodista de un medio nacional que tuvo el privilegio de formular la única pregunta a Cristina Kirchner en el salón Eloy Camus después de la bilateral con Lula aceptó incluir un condimento local al requerimiento: le pidió opinión sobre los avances del "puente" Agua Negra. Informalmente, los colegas llegaban a la afirmación que se trataba de una obra para beneficiar a Veladero, seguramente orientado por una lógica de asociación de palabras que suenan: puente a Chile (¿sobre qué río?)-cordillera-glaciares-Veladero.

Ni puente ni Veladero, el puente es un túnel que se propone unir a dos países por medio de una obra de gran impacto no sólo para dos regiones sino para dos países. O tres, porque en la reunión en la que Cristina Kirchner y Sebastián Piñera analizaron los avances se sumó Lula, tal vez porque Brasil será el país más beneficiado por la apertura de nuevos caminos a los puertos desde donde pueden exportar a China.

Obtuvo Agua Negra un envión político decisivo que mereció un gran impacto informativo en San Juan y la región, porque será esta zona del país la beneficiaria directa del tránsito incansable de cargas que seguramente convertirán a la provincia en un área de servicios, desde la punta de rieles donde todo termina que hoy ocupa.

También lo es para un país cansado de que el corte del túnel por Mendoza incomunique a dos países en tiempos de tanto intercambio comercial, turístico y social. ¿Cansado? No parece, porque los anuncios de Agua Negra no ocuparon ni un sólo centímetro en las coberturas de los medios nacionales a pesar de que se trata de un proyecto para dar valor estratégico a todo el centro del país.

Extraño fue el caso de la minería, que sí es un tema de preocupación nacional reciente por el tratamiento de glaciares en los últimos tiempos y la embestida sobre la actividad de la oposición nacional liderados por Pino Solanas y Miguel Bonasso.

Y ocurrieron en San Juan algunas cuestiones gravitantes en torno a la actividad productiva que tiene a San Juan apedreada desde la dirigencia nacional, al punto que Pino protestó furioso porque consideró un atropello que la cumbre se haga en "el paradigma de la megaminería".

Tampoco esos pronunciamientos en la provincia pudieron salir de la dimensión local. Y fueron muy relevantes: por ejemplo, que todos los presidentes firmaran un documento que reivindica a la actividad minera como factor de desarrollo y se muestra preocupada por medidas de otros países -la Unión Europea- que le pongan obstáculos.

Todos son todos. Incluidos Evo Morales, José Mujica o Lula, venerados por los sectores políticos de izquierda que en el país encabezan el rechazo a la minería y que quedan desenfocados ante el apoyo escrito de sus propios líderes.

El caso de Lula es más fuerte aún. Porque el brasileño tiene un dilema ambiental aún más grande que el de la minería a cielo abierto: la Amazonia. Y dejó frases extensivas hacia todo el abanico de explotación de recursos naturales. Como: "Si el planeta tierra no ofrece materia prima suficiente para que todos tengan el nivel de vida alemán, es necesario discutir cómo vamos a utilizar las materias primas y las riquezas que tenemos en el mundo". O: "Los países ricos hacen muchos discursos, pero quieren que nosotros subyuguemos nuestro desarrollo para que nos ocupemos de las cosas que ellos no cuidaron".

Contundente proclama del brasileño en favor de la explotación de los recursos naturales que hubiese sido interesante incorporar al debate sobre la minería: ¿cómo deforesta, o cómo hace minería Brasil? ¿Por qué razones económicas y estratégicas? Lula, está dicho, es un emblema que quedará inscripto en la historia política mundial. Estuvo en San Juan y muchos no lo escucharon.

En cambio, cuando desde San Juan hablaban de Gioja y la fórmula presidencial, un periodista radial y televisivo de gran presencia dijo que era "periodismo pueblerino". La verdad, que sí.

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