Oíd Mortales, el grito sagrado: ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad! Todos sabemos que así comienza nuestro Himno Nacional.

El planteamiento de este tema -el de la libertad-, ha sido objeto de discusión entre filósofos de todos los tiempos. Lo que el hombre ha realizado, o lo que ha planeado realizar como proyecto personal o social ¿habrá sido producto del ejercicio pleno de su libertad, o el resultado del movimiento de los hilos del destino -o la suerte, si llegara a existir-, o la mixtura de ambos? Para muchos, está la creencia que todo está determinado y escrito en el "Libro de Dios'', por lo tanto, no queda más que la resignación. Para otros, el hombre es completamente libre de hacer lo que quiera. Hay toda una gama, entre estas posturas. ¿Qué es, pues, la libertad? Trataremos de dar algunas respuestas.

Los romanos decían que la libertad, es la facultad de hacer lo que el derecho les permitía hacer. Desde la perspectiva religiosa, la libertad es simplemente la verdad de Jesús, o de Mahoma, o de Yahvé, o de Buda. En la revolución francesa, la libertad fue la facultad de hacer todo aquello que no perjudicara a otro. Si hay algún conocimiento cuyos atributos son inagotables, ese conocimiento, es el de la libertad. También tiene que ver con la capacidad y potencia de la voluntad, ya sea que la ejerzamos desde nuestra capacidad intrínseca de elegir, en medio de la autonomía de los acontecimientos que nos rodean, o tenga que ver con las influencias que a diario recibimos del resto de los seres humanos. Creo en una posición donde confluyan las dos realidades, creo que el hombre tiene una ley interior que rige sus decisiones; pero también que "vivir, es convivir'', y que somos lo que nuestras circunstancias, muchas veces, han hecho de nosotros.

Ahora bien, desde una perspectiva marcadamente política, libertad es ausencia de obstáculos para hacer y alcanzar el bien, así lo definía Agustín de Hipona en forma lúcida. Sólo se es libre, cuando esa libertad nos lleva a realizar un bien para los demás, o para sí mismo, teniendo en cuenta que, además, es imposible perseguir un bien verdadero para sí mismo, sin que éste lo sea, al mismo tiempo, para el entorno social. La libertad ejercida para causar un bien particular en detrimento del bien colectivo, es libertinaje o, en el peor de los casos, liberticidio.

Un pueblo es libre cuando es soberano. Es soberano cuando tiene el poder de decisión, de dar leyes, y darse leyes. En 1762, Rousseau nos entregaba el concepto de "soberanía popular'', estableciendo que es "la Soberanía Popular la que da origen al poder''. Con la emancipación libertadora -desde Bartolomé de las Casas, pasando por Francisco de Vitoria, hasta Francisco Suarez-, para nosotros la soberanía reside en el pueblo, y sólo él la puede transferir a algún representante. Siendo, por tanto, soberanamente el pueblo, ¿por qué no permitir que pueda elegirlos, o mejor, seguir eligiéndolos si, esta posibilidad está, de hecho, dentro de un marco indiscutible de legalidad y constitucionalidad? El pueblo, no debería encontrar obstáculo alguno para hacer y hacerse el bien a sí mismo, eligiendo. Nada ni nadie puede impedir este acto de soberanía, sin lastimar severamente la libertad popular.

El pueblo soberano, no puede encontrar limitada su libertad soberana, para elegir al ciudadano que desea para conducir un Estado, o ejercer un Gobierno. Poner obstáculo -mediante argucias de medio pelo, haciendo honor a las "zonceras argentinas'' ya descriptas magistralmente por A. Jauretche- a la posibilidad de que, en ejercicio de su soberanía, éste decida, en su propio beneficio, elegir a quién transferirle el poder de gobernar en su nombre, es una limitación a la libertad -que es ausencia de obstáculos para hacer el bien-, además de colocar un grillete al dueño libre y soberano del poder.

En este sentido, la propuesta de "enmienda'', no sólo es una decisión constitucional -cfr. "Constitución de la Provincia de San Juan'', Sección XIII, arts. 271 al 278-, sino también, una entrega de soberanía popular a un miembro del poder constituido, un ejercicio pleno del poder constituyente.

La enmienda constitucional, es una iniciativa soberana del pueblo y responde precisamente al ejercicio de la libertad soberana que, este mismo pueblo, posee para hacer y hacerse el bien. Ese mismo pueblo, es el que quiere continuar con el proceso de cambios que comenzó en el 2003, y que va arrancando ese poder usurpado por los incongruentes de siempre, y sorteando cualquier obstáculo para hacerlo.

Algunas veces, esta posibilidad de libertad popular, despliegan oposición en quienes pretender ejercer una avasallamiento o dominio irracional, excitados por impulsividades y apetencias personales.