Al conmemorarse el 28 aniversario del desembarco militar argentino en las Islas Malvinas, el viernes último, nuestro país reclamó con énfasis por la usurpación de los territorios australes, mientras Londres ratificó su conocida posición de no ceder la soberanía argumentando los derechos de autodeterminación de los súbditos del archipiélago.

El duro discurso dirigido al Reino Unido y a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en Ushuaia, puso énfasis en la reivindicación por la vía pacífica. "Pretender soberanía a 14.000 kilómetros de distancia no es sostenible histórica, geográfica ni jurídicamente, ni por el sentido común. Es un ejercicio de colonialismo. El doble estándar del derecho internacional tiene que ser revisado", dijo la presidenta, y calificó de "ridículas" las versiones de Londres sobre una incursión bélica de nuestro país en las islas.

Pero lo importante es que el Gobierno nacional anunció la "universalización" del reclamo en el marco político internacional. En ese sentido la presidenta recordó que Gran Bretaña pese a "tener un sillón en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no respeta lo que dice la ONU" y "ese doble estándar del derecho internacional tiene que ser revisado". Señaló que "no puede ser que se les reclame a otros países más débiles el cumplimiento de Naciones Unidas en cualquier ámbito y, sin embargo, uno de ellos pueda violarlo desde 1965 hasta la fecha", aludiendo al fallo del organismo para que se discuta la soberanía en el Comité de Descolonización de la ONU.

Malvinas volvió a las primeras planas en el mundo, tras la decisión inglesa de iniciar la exploración petrolera en la zona y la lógica reacción de Argentina. Esto amplificó nuestras demandas, aunque las expectativas de hidrocarburos en la zona parece esfumarse día a día, según los primeros resultados. Hasta la secretaria de Estado de EEUU, Hilary Clinton adelantó a la supuesta neutralidad de Washington en el conflicto y ofreció la mediación norteamericana en la disputa, lo que provocó una reacción airada réplica inglesa, más todavía al hablar en Estados Unidos de Malvinas y no de las Falklands, algo realmente inusual en el léxico diplomático anglosajón.

El tema Malvinas se ha reinstalado con fuerza en el plano internacional. Es el momento de insistir para que Londres cumpla las disposiciones de la ONU que ignora obstinadamente.