
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, está tratando de convertirse en un mediador para lograr una solución política en Venezuela y un acuerdo de paz en Ucrania, pero está haciendo ambas cosas de una manera muy extraña: apoyando abiertamente a los opresores. A principios de esta semana, Lula dio una bienvenida de alfombra roja en Brasil al dictador venezolano Nicolás Maduro. Lula lo invitó a Maduro a una cumbre de presidentes sudamericanos elegidos democráticamente, y celebró lo que describió como el "regreso" del presidente venezolano a la comunidad diplomática de América Latina después de años de sanciones diplomáticas regionales contra el régimen venezolano. Lo que es peor, Lula dijo en una conferencia de prensa conjunta con Maduro que las acusaciones de que Maduro se robó las elecciones de 2018 y cometió abusos masivos contra los derechos humanos son parte de "una narrativa que se ha construido contra Venezuela". En rigor, los escuadrones de la muerte de Maduro llevaron a cabo más de 19.000 ejecuciones políticas tan solo entre 2016 y 2019, según el grupo de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch. Las Naciones Unidas han documentado miles de asesinatos políticos en Venezuela, y la Corte Penal Internacional abrió una investigación formal sobre los "crímenes de lesa humanidad" de Maduro en 2021, que sigue su curso. Pero Lula no mencionó nada de eso en cálida bienvenida a Maduro. Solo le pidió al dictador venezolano que "deconstruya" esa supuesta narrativa celebrando las elecciones previstas para el 2024, como si los asesinatos políticos de Maduro fueran meramente un problema de relaciones públicas. Para su crédito, el presidente de Chile, Gabriel Boric, dijo después de la cumbre de 11 jefes de Estado en Brasilia el martes que lo que está pasando en Venezuela "no es una construcción narrativa, es la realidad".
Lula defiende la legitimidad de Maduro y enciende la polémica. Los principales líderes de la oposición al presidente brasileño acusaron al líder progresista de "pisotear” la democracia por haber recibido con honores a su homólogo de Venezuela.
Asimismo, el presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, quien también estuvo presente en la cumbre, dijo estar "sorprendido" de escuchar a Lula calificar la tragedia de Venezuela como una "narrativa". Sin embargo, algunos miembros de la comunidad diplomática le están dando a Lula el beneficio de la duda. Rubens Barbosa, exembajador de Brasil en Washington, me dijo que Brasil tiene "razones concretas" por las que necesita restablecer los lazos con Venezuela, incluida una deuda venezolana impaga de 12.000 millones de dólares a Brasil, y más de 300.000 refugiados venezolanos en territorio brasileño. En cuanto a si Lula no está legitimando a un dictador despiadado al invitarlo en una visita oficial a su país, Barbosa dijo que "en mi interpretación, la declaración de Lula pidiéndole a Maduro que cambie la "narrativa” sobre Venezuela puede traducirse como un pedido implícito a Maduro para que permita elecciones libres y transparentes".
Por otra parte Lula se ofreció recientemente como mediador en Ucrania, pero propuso que Ucrania le ceda a Rusia la península de Crimea, ocupada por Rusia, para poner fin a la guerra. Como era de esperar, Ucrania rechazó rotundamente esa propuesta, y preguntó retóricamente si Brasil estaría dispuesto a ceder una de sus provincias a un ocupante extranjero. Puede que Lula esté tratando de posicionarse como un intermediario neutral, y termine siendo un mediador brillante. Pero, a juzgar por lo que hemos visto hasta ahora, es más probable que pase a la historia como un cómplice de los algunos de los peores dictadores del mundo.
Por Andrés Oppenheimer
Columnista del Miami Herald
