Gracias a las palabras, el hombre logra comunicarse en base a la codificación de su idioma para que sea decodificado por quienes transitan por ese músculo vivo, transformado en vocablos que tienen impulsos del alma y se dice verbalmente. Esas palabras, contienen la dignidad de la raza con un idioma que es abolengo dentro de las letras del abecedario.
Una vez leí al filólogo español Fernando Lázaro Carreter que decía que "las palabras eran cuidadas por un jardinero que hace con ellas huertos de plantados verbos, conjunciones, prosapia, ondulaciones de ripio y acequias para expandirse por aguas cristalinas entre las magnolias de la lingüística”. Magnífico pensamiento que nos evidencia que por la palabra somos seres pensantes, fogosidad en los dichos, dulzura en la metáfora poética.
Sin embargo, estamos llegando en nuestro idioma, a restar tantos vocablos, que nos marginamos con la pobreza de quienes no leen, no ejercitan el don del decir y que sintetizamos esa riqueza enorme que nos ha legado la sinonimia idiomática de nuestra Lengua, a pocas palabras que tengan la refulgencia del buen decir. Y para colmo, en vez de expresarlas en nuestro idioma lo hacemos en lengua extranjera, creyendo que eso nos da más prestigio.
Recorramos los negocios de nuestro microcentro y alrededores y veamos en qué idioma se colocan los carteles, los anuncios. He tenido la suerte de viajar y por ello he podido entablar estas diferencias. En ningún lado colocan nombres extranjeros. Es cierto que nuestra Patria se formó con un crecido número de inmigrantes de todas las nacionalidades, pero no olvidemos que la Lengua recibida es tan rica, variada y hermosa que nos brinda la posibilidad de bautizar y usar todo en nuestro propio idioma. La Lengua oral nuestra bien dicha, es musical y atrayente. ¿A qué se debe esta nueva modalidad? ¿Creemos que somos más importantes diciendo lo mismo en inglés para que no todos entiendan o que por este detalle pertenecemos a la "elite” de las grandes naciones, olvidándonos que sólo somos y valemos nosotros, si valoramos nuestras raíces y más las del habla? Que por ese sólo detalle, somos auténticos y originales. Hacerlo de otra manera, es ser satélites secundarios del habla de idiomas importantes, que debemos usar solamente cuando no logramos encajarlos en nuestra sinonimia.
Hay que leer a los escritores nuestros de la lengua española o hispanohablantes, hay que usar más el diccionario para enriquecer nuestra comunicación y sólo de esa manera haremos que nuestra palabra sea activa, vivaz, rica y tenga contenido, apego para palpar los códigos de luz que vibran desde nuestra mente. Somos seres pensantes, y emitimos nuestras ideas a través de las palabras, que con un contenido sustancial, deja atrás una pobreza que amenaza a nuestro idioma para los tiempos venideros.
Leamos, comprendamos los textos y expongamos nuestro pensamiento con fuerte contenido emocional. Las palabras son el reflejo de nuestra cultura. Esa cultura que se mantiene en nuestros corazones y que nos hace seres racionales en toda la dimensión en que fuimos creados.
