
Hay dos maneras de que el país pueda obtener dólares para sostener su balance externo con una adecuada y razonable ecuación que lo aleje del peligro del quebranto. Una de ellas es, una forma sana, y, la otra, es una modalidad enferma. La forma sana es que los obtenga mediante una contrapartida de movimientos de economía real, como son las exportaciones y el ingreso de inversiones extranjeras directas y no especulativas. La forma enferma es que la expansión desbocada del pasivo del balance se convierta en el modo excluyente de financiar la necesidad de divisas extranjeras para el funcionamiento básico y elemental de la economía. Entonces, en materia de generar ingresos de divisas, no es que contraer deuda sea malo en sí mismo, pero, si se lo hace mediante puros golpes de deuda, entonces sí que deviene corrosivo, tóxico, pues, instaura y trama un círculo vicioso de la economía en lugar del afianzamiento de un círculo virtuoso.
El círculo vicioso de la obtención de divisas, tiene un costo, en tanto relega y achica el círculo virtuoso de producción de divisas, y ello implica que el cuerpo de la economía se vaya enfermando en tanto cada vez mas son necesarias energías ficticias, o, de estimulación anabólica para mantener en el corto plazo a flote un determinado nivel de actividad artificial. Es como que una familia viva cada vez más de préstamos y no de ingresos propios generados por el efecto de una actividad efectora de valores de cambio en el mercado. Lo extraño es que lo que es evidente para el sentido familiar de la administración, no lo sea para una nación. Y más llamativo aun es que desde esferas estatales no se ponga énfasis en lo obvio, y es que se exponga al conjunto social, como lo haría una deseable performance de administración con sentido de estadista, cuál es el costo de funcionar dominantemente con energías prestadas. Funcionar dominantemente con deuda equivale a que un paciente le funcione el organismo con hegemonía de brebajes medicamentosos y no con energías producidas por su propio mecanismo de autodefensa, mantenimiento y reproducción de sus potencias vitales. Quizá sea demasiado ingenuo a esta altura de la historia nacional, poner el énfasis en que prime un sentido de administración estadista que no solo hable de los ingresos de divisas, sino, del costo presente y futuro de disponer y gastar esos ingresos que no garantizan capacidad autosuficiente de repago. Sobre todo porque hoy ese costo es un costo inter generacional, es decir, no solo va a afectar a las generaciones que durante su vida contrajeron esa deuda, sino, que va a conmover a generaciones que no han tenido ningún protagonismo en la incubación del proceso vicioso de tener algo a un precio de restitución que no es sostenible. Nuevamente lo evidente se hace invisible a los ojos, pues haber llegado, en el costo de obtención de divisas tomando el acumulado histórico del país, al 100 % del producto bruto interno (PBI), algo que a cualquier familia le parecería un escándalo y motivo de revisión de todo lo operado, sin embargo como nación, salvo variadas y contadas excepciones, nos repiquetea casi como un hecho natural asimilable metafóricamente a un mero sucedáneo de los cambios estacionales y momentáneos de las condiciones atmosféricas.
Por el Dr. Mario Alfredo Luna y el Prof. Fabián Alberto Nuñez
Profesionales de Jáchal
