Es la situación de los países hispano hablantes. No obstante, hay un dato revelador ya que el Diccionario de la Real Academia Española con aproximadamente 100.000 palabras no representa el número total ellas. Hay palabras que se obtienen por derivación al aplicar correctamente las reglas de formación de palabras del idioma. Ellas enriquecen la lengua al integrarse al idioma coloquial de uso expandido.
Hace años, hubo una declaración de la Academia Argentina de las Letras en la que se decía que pese al número de palabras del idioma, una persona hablaba normalmente con 600 vocablos. En la práctica se saben algunas cosas no tan constructivas ya que, por ejemplo, los ataques verbales sustituyen al diálogo que es una modalidad del discurso oral y escrito en la que se comunican entre sí dos o más personas, en un intercambio de ideas por cualquier medio.
Esa comunicación que es la base del diálogo, genera una conversación o una plática que estructura la forma de entenderse de dos o más personas en distintos lugares y diversos momentos. El peligro en nuestros días es el achicamiento de las 600 palabras que una persona utilizaba hace diez años. Y ese achicamiento, que se produce por distintas razones, empobrecería el idioma tal como puede constatarse ya diariamente a través de los medios de comunicación masiva.
Aunque no se pueda generalizar, ha cambiado también la enseñanza en el aula porque de igual modo lo hizo la escuela y la composición del sector estudiantil. Los chicos llegan con modismos que escuchan en la tevé y ello parece inmodificable.
Si la gramática no hubiera cambiado sus reglas -como pasó aquí- no sería posible modificar las estructuras clásicas del aprendizaje de un idioma, sobre todo un idioma con la riqueza del español.
Es un problema que puede recuperarse a través de un plan de posible cumplimiento porque por lo que se oye en las calles hay una ruptura generacional hasta en las expresiones cotidianas, un hecho desventajoso. Mucha gente mayor ya no entiende el lenguaje que los chicos hablan entre sí porque ellos no siguen ninguna norma establecida y las menciones responden más al uso callejero que al gramatical.
Así, se abre un enorme panorama de trabajo orientado a recuperar el idioma tan querido a través del diálogo y de la literatura. Su riqueza va de la mano de la exuberancia de sus significados. Hablar y escribir bien, debería ser una responsabilidad natural de las distintas generaciones.
