El drama de las personas que huyen legalmente de sus países debido a temores fundados de ser perseguidos por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas excede largamente una fecha en particular, como la del 20 de junio, declarado Día Internacional de los Refugiados. Los refugiados no abandonan sus lugares de origen por elección propia sino porque en sus propios países se encuentran amenazados.

El informe del Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), publicado días pasados, revela que la crisis humanitaria que atraviesan muchos países ya dejó a 43.300.000 millones de personas desplazadas. El total está compuesto por 15,2 millones de refugiados y los 27,1 millones de personas desarraigadas dentro de sus propios países. Asimismo, el documento difundido por el organismo de la ONU, asegura que el año último fue el peor para la repatriación voluntaria de las dos últimas décadas: sólo 251.000 refugiados retornaron a sus hogares en 2009, la cifra más baja desde 1990.

Los cinco países que albergan la mayor cantidad de refugiados en el mundo son Paquistán (1.740.000), Irán (1.070.500), Siria (1.054.500), Alemania (593.800) y Jordania (450.800). La agencia de las Naciones Unidas, creada en 1950 tras la devastadora Segunda Guerra Mundial, ayudó desde su nacimiento a unos 50 millones de personas y actualmente lucha por los derechos de más de 25 millones de todo el mundo.

En Argentina viven cerca de 4000 solicitantes de asilo y refugiados provenientes de alrededor de 70 países de América, Africa, Asia y Europa. La gran mayoría de ellos son de países de América latina, principalmente de Perú, Cuba, y Colombia, de donde proviene más del 40% de los refugiados reconocidos en el país en los últimos cinco años. A su vez, más de la mitad de las solicitudes de asilo fueron presentadas por personas de origen africano, y varias de estas peticiones han sido realizadas por menores no acompañados o separados de sus familias. El fenómeno de la globalización, la migración masiva y los cambios de la naturaleza de los conflictos establecieron otros escenarios y modificaron criterios frente al problema de los refugiados.

Será necesario instrumentar nuevas estrategias basadas en la cooperación internacional y solidaridad que permitan encontrar la forma de liberar a los refugiados genuinos de la creciente red de controles migratorios, de manera de asegurarles la protección necesaria sin socavar el derecho de cada Estado a regular el flujo migratorio.