Hoy más que nunca nuestro escenario es la educación. En las últimas décadas del siglo pasado se habló de un sinceramiento en la educación, pero este sinceramiento era tan general y ambiguo en sus postulados que fue necesario un radical cambio en la forma de conducir la clase por parte del educador. De tal forma, la imagen del docente frente al aula, por la autoridad que representa, era sostenida por la sola teoría que una determinada área del conocimiento le daba en suficiente "altura” como para conservar esa distancia postulada por una concepción pedagógica expositiva y de prácticos saberes. Paralelamente el alumno oyente o aprendiz debía ajustar su conducta tan solo como receptor del conocimiento surtiéndose de su capacidad para elaborar los mismos, de manera tal que fuesen asimilados.
Las evoluciones sociales y culturales producidas en los últimos tiempos, por contrapartida, está configurando una pretendida imagen del educador quien ahora simplemente deberá poner en escena no sólo sus conocimientos sino con él, sus propias y presentes vivencias personales siendo un particular interprete en la clase de la persona del estudiante. De esta manera, lo novedoso del aporte didáctico radica en considerar ya no sólo un escenario de aprendizaje sino las múltiples, variables y diversos escenarios en los que se desarrollan las prácticas educativas en todos los niveles y modalidades del sistema. De esta manera parecería aparecer en el horizonte una nueva pedagogía, la "Pedagogía del incluido”.
Últimamente en la Facultad de Filosofía Humanidades y Artes de nuestra provincia, realizando observaciones semejantes a este enfoque y en experiencias educativas en el posgrado para el desarrollo de las clases, se comienza a perfeccionar este nuevo estilo didáctico de entrar al alumno e involucrar al docente en tales prácticas. Sus antecedentes se registran en la modalidad del antiguo teatro griego donde los "actores principales de la puesta en escena” eran sus mismos personajes, los ciudadanos.
Esta novedosa concepción acercaría al estudiante en su rol de estudiante para una representación como actor, con sus propias vivencias, sentimientos, pensamientos y expresiones en sus alocuciones. Acompañado este por el docente, este asumiría el rol de educador como orientador del conocimiento, pues en definitiva lo que se pretende es "hacer pesar” la inclusión social en el aula como "inclusión pedagógica”.
Particularmente creo que el sistema propuesto se encuentra a medio camino por cuanto el refuerzo educativo, que indudablemente debe conservar el conocimiento, corresponde a una pedagogía de los "actores de la educación”. Sin embargo las experiencias aportadas desde las prácticas educativas que presenté en encuentros nacionales e internacionales de educación, convierten la imagen del educador y del estudiante en protagonistas no solo de la acción educativa en la clase sino además, fuera de ella, en el medio social
Con este artículo, focalizo líneas de reflexión y acción pedagógica que proyectaría la formación de docentes para los nuevos retos y escenarios claves para el fortalecimiento institucional y el desarrollo profesional dentro y fuera del ámbito educativo. Así, la postulada "Nueva Pedagogía 2012” en la que expreso que "Los programas, planes o proyectos en la escuela no pueden ser simulacros de la vida cívica, sino los pertinentes al desarrollo de las actividades que proyectan los adultos, y que el docente profesor, principal actor de la enseñanza, debe asumir el liderazgo y volcarlo como ejemplo de lo propio a favor de sus educandos", concibe a ambos como protagonistas de la educación, donde sólo la clase es un momento de la vida misma en la persona del docente y del alumno.
(*) Pedagogo, filósofo. Orientador escolar.
