Salvando las escalas, hay impresionantes coincidencias entre la elección presidencial del mes próximo en Brasil y la del año que viene en la que la provincia decidirá al sucesor de Gioja.

– Lula y Gioja llevan ocho años en el poder y ambos no pueden seguir porque esa posibilidad les está vedada legalmente.

– Presidente y gobernador manejan registros de aceptación similares, inusuales para funcionarios que acarrean un desgaste de dos gestiones: Lula bordea el 80% de imagen positiva, mientras Gioja supera el 70%.

– Ambos decidieron ubicar a su sucesor y zambullirse de lleno en la campaña, a pesar de no ser ellos los que lideren las listas.

Resultará interesante entonces repasar las últimas incidencias de la elección brasileña para analizar luego si esas similitudes con San Juan terminan dibujando un mismo destino, o las terminan separando las particularidades de cada lugar.

Luiz Inacio Lula Da Silva compite en las elecciones de octubre en el cuerpo de una mujer, Dilma Roussef. Ex guerrillera de armas tomar, es su persona de extrema confianza en el último tramo de su gestión, en el que comandó la Casa Civil, una especie de jefatura de gabinete.

Dicen los medios brasileños que no era su mejor opción si lo que buscaba era un candidato taquillero a la hora de los votos. Pero es su persona de mayor confianza, la que le ofrece la más estricta garantía de que no será otra cosa que la continuadora de la obra de Lula, y la que le permitirá mayor presencia en la gestión cotidiana.

Anduvo a los tumbos Dilma, más allá de un linfoma maligno que puso en duda su carrera política. Le costó afianzarse en las encuestas y hasta empezó por detrás del candidato opositor, el democristiano José Serra, hasta que se hizo evidente la locomotora Lula, capaz de arrastrar al vagón que fuera. Hoy, Dilma supera por más de 20 puntos a su rival y muy pocos dudan de su victoria, incluso en primera vuelta.

La agenda de Brasil se anticipa en algo menos de un año a la de San Juan, y por eso resulta apetitosa la comparación. Gioja tiene aquí varios candidatos posibles, todos ellos con diferentes registros en las encuestas. Pero, si se reproduce la influencia de un líder con semejante imagen positiva, Brasil da testimonio de que cualquiera que aparezca arrastrado por él es capaz de un triunfo suficientemente holgado.

La similitud entre ambas coyunturas políticas plantea también un interrogante común: ¿Cuál será la función de los líderes virtuales en estos períodos constitucionales? Tanto Lula como Gioja, en caso de ganar los aspirantes a los que sponsorizan, no tendrán un espacio definido en el futuro gobierno, pero nadie pensará que se quedarán afuera de la influencia en las acciones oficiales.

Por lo que se puede ver con anticipación, ambos resolverán el entuerto de manera semejante: sin llegar al cogobierno ni al doble comando, intentarán mantenerse presentes a modo de oráculo consultivo y respaldo político. Entre otras cosas, porque sienten con acierto que es eso lo que les pide la gente que los vota: que no se vayan.

Lo reafirma lo que se ve hoy en Brasil: cuanto más se muestra Dilma con la mano levantada por Lula, más crece la candidata oficial. Y mal que le pese, no lo hace por méritos propios: lo hace porque se irradia la certeza de que será ella la continuadora de un gobierno que la gente acepta.

Será -en ambos casos- un engendro difícil de desarrollar éste de definir un espacio de tutelaje para gobernantes que seguramente intentarán fijar su propia impronta a la gestión. Un equilibrio incierto: uno en el frente, otro en la retaguardia.

Lo definió claramente Lula hace unos días. En gira de campaña, la semana pasada aterrizó en una pequeña localidad de Pernambuco y allí pronunció lo que todo el mundo esperaba oír. "No me voy a Harvard o París", una prolija manera de decir que seguirá viviendo en Brasil y seguirá en el poder si gana Dilma. Claro que le buscó el lado más presentable. Dijo que su rol será el de impulsar a su sucesora: "M"hija, haga esto que yo no pude".

Conciente de lo que mide su figura, Lula decidió convertirse en el gran elector.

Está impreso entonces ese destino de tandem en el origen del proceso electoral brasileño, en otro asombroso punto de contacto con lo que ocurre en San Juan.

Armó su lista con el consejo sólo de su predilección personal y en medio de un fenomenal alboroto a su alrededor en el Partido de los Trabajadores, su propia creación. Y dedicó casi todo su tiempo a ir pueblito por pueblito del interior profundo brasileño con el brazo levantado de su candidata.

Algo idéntico es lo que promete Gioja en su propio distrito, como lo viene diciendo. Desoír los desórdenes que producen los codazos a su alrededor por convertirse en el señalado, bloquear los oídos y la vista, y en el momento que crea oportuno alumbrar su propia lista de candidatos. A ella se subirá como Lula con Dilma, recorrerá cada rincón de San Juan y pulseará con quien se ponga enfrente. Cuenta incluso con un arma que Lula no tiene: una ley electoral diseñada a su propia voluntad que literalmente bloquea las internas entre los candidatos departamentales.

También surgen moralejas respecto de los discursos y los gestos de campaña en Brasil para analizar si esas similitudes con San Juan también aterrizarán en ese plano. Especialmente para la oposición, porque se sabe que a Dilma le viene alcanzando con emprolijar su imagen y con proclamar simplemente que ella es la candidata de Lula. Ahora, ¿qué es lo que debería hacer un dirigente político para competir con chances contra un candidato tutelado por una figura indiscutible, y conservar la ilusión de destronarlo?

Hasta hace bien poco, José Serra, el gobernador paulista que viene compitiendo con Lula desde que éste irrumpió y a quien nunca pudo doblegar, aparecía con chances de dar el gran golpe. Hasta que comenzó la campaña y se desplegó el juego del presidente que hizo caer a Serra en claros errores de estrategia.

Porque Serra comenzó el proceso con una catarata de cuestionamientos hacia Lula focalizadas en la historia de corrupción que se le adjudica a varios funcionarios bajo el ala del presidente. No advirtió que estaba golpeando a un dirigente con el 80% de aceptación y a quien nadie quiera ver golpeado, por lo que pronto fue eso lo que comenzó con el desbarranco de quien había asomado con chances de terminar con el dominio del PT.

Luego buscó otra dirección para reencauzar el rumbo y salió a mostrar que él es el continuador natural del actual jefe de Estado, más allá de que Lula impulse a Dilma. Como ejemplo, citó que Fernando Henrique Cardoso, líder del partido de Serra, fue el iniciador del Plan Real que encumbró a Lula.

Pero la realidad es que Dilma supera a Serra porque tiene un mensaje claro, como señaló el diario Folha de San Pablo: "mientras los tucanos -el partido de Serra- no saben para dónde ir, la plataforma petista es simple: Dilma es la candidata de Lula. Es verdad que 78% de popularidad permiten ese lujo". ¿Un espejo de lo que pasará el año que viene en San Juan?

Al final, el tablero que se abre frente a los liderazgos de Lula y de Gioja coincide hasta en la incertidumbre que conjugan respecto del futuro más lejano. Donde la pregunta es si su salida del poder real es momentánea y forzada por la ley, o pasado el paréntesis forzado de 4 años pretenderán volver a sentarse en el mismo sillón.