Al igual que sucedió con el presidente Obama y el expresidente Bill Clinton, oponerse a los acuerdos de libre comercio se ha convertido en un ritual político de los candidatos demócratas, para ganar el apoyo de los sindicatos de trabajadores. Y es un ritual que abandonan apenas llegan a la Presidencia, cuando aceptan y promueven entusiastamente estos acuerdos. El libre comercio es un tema que en las últimas decadas se ha convertido en una bandera del Partido Republicano, y que las bases del Partido Demócrata tienden a ver como una política que pone en peligro empleos en Estados Unidos.
Cuando Obama era candidato en 2008, me dijo en una entrevista que "no me siento cómodo” con el entonces pendiente acuerdo de libre comercio con Colombia. Antes, había criticado el tratado de libre comercio de 1993 con México y Canadá, diciendo que el NAFTA era "un mal acuerdo” porque supuestamente no tenía suficientes protecciones para los trabajadores de EEUU y el medio ambiente.
Sin embargo, una vez electo presidente, Obama aprobó los acuerdos de libre comercio con Colombia, Panamá y Corea del Sur en 2011, y luego propuso y negoció el tratado Transpacífico de 12 países, conocido por sus siglas en ingles TPP, y considerado el acuerdo comercial más ambicioso hasta ahora. Una vez ratificado por los respectivos congresos, el TPP que incluye a Estados Unidos, Japón, Singapur, Australia, Vietnam, Canadá, México, Perú y Chile, entre otros, formará el mayor bloque comercial del mundo. Representará el 40% de la economía mundial y un mercado de 800 millones de personas.
Bill Clinton apoyó solo condicionalmente el acuerdo de libre comercio con México y Canadá durante los debates presidenciales de 1992. Clinton dijo que apoyaría el acuerdo propuesto por el entonces presidente George W. Bush únicamente si daba suficientes garantías tanto para el medio ambiente como para los trabajadores estadounidenses y mexicanos. Pero, una vez electo, Clinton usó un enorme capital político para lograr que el Congreso aprobara el acuerdo con México y Canadá, en contra de la opinión mayoritaria de su partido.
Es probable que Hillary Clinton, de ser electa, formaría parte de esa misma tradición esquizofrénica de sus predecesores demócratas en materia de libre comercio. Al escucharla criticar el acuerdo comercial Transpacífico en el primer debate demócrata, era difícil no ver los paralelismos con Obama y Bill Clinton cuando eran candidatos. El TPP "no cumplió con mis estándares”, dijo Hillary Clinton en el debate. "Quería asegurarme de que podría mirar a los ojos a cualquier estadounidense de clase media y decirle, "esto va a ayudar a aumentar tu salario’. Y llegué a la conclusión de que no podía”.
