Ésta será mi tierra, pensó el niño cuando por primera vez abrió los ojitos a una mañana soleada. Y, entre los abrazos maternos y el llanto primigenio, gritó hacia adentro: ‘aquí me quedaré, aquí fundaré mis besos y mis cuitas”.
Por virtud del destino, con su mirada lista para todo, especialmente para la vida, Guillermo vio su primera mañana en esta tierra de vides y hombres ilustres, y desde entonces se avino a depositar sus sueños en ella, pero desde entonces la ama y llora, porque ya no vive aquí, aunque de aquí sean toda su osamenta y sus nostalgias.
‘La vida, las circunstancias me hicieron que apareciera en la existencia en lo que era la Finca de Don Juan Celani, (Angaco) cuyo administrador era en aquel entonces Don Ramón Puebla, quien por razones políticas, debió huir de Mendoza; el destino San Juan, para mi un alto privilegio… Doña María (mi mama) me trajo para desandar estas poquedades, que a la postre sirven para alegrar el alma”, me confía mi amigo en líneas recientes.
Casi puedo vislumbrar tus destierros y nostalgias, querido Guillermo Puebla, aunque presumo que en el único lugar donde eso se verifica a pleno es en tu pecho. Casi puedo imaginar tus atardeceres violáceos y tu temprana vocación por la música. Claro, si en los albores de tu carrera en el arte integraste un conjunto sanjuanino que fue que el primero que triunfó en Cosquín. Y luego, dejar en callejones soledosos tus emociones, para sembrar las veredas campesinas de duelos por tu partida a Mendoza, sitio de tus ancestros.
Cuando uno te ve añorar San Juan como se añora una novia perdida, no puede menos que agradecer a quien ha sido y es uno de sus mejores exponentes. Lástima que acá no te lo reconocen; que fuiste desconocido como lo fueron sanjuaninos que el mundo reconoció, como el enorme Remberto Narváez, uno de los más grandes cantores y compositores del país, y dos de los más ilustres cantores de tango de todas las épocas, como Jorge Durán y Alberto Podestá.
Pido perdón en nombre de todos quienes no tuvieron la simple voluntad de enterarse quienes eran ustedes y, cuando lo hicieron, nos los honraron. Pido perdón porque mis comprovincianos veneran ídolos de barro o artistas circunstanciales y se olvidan de que San Juan está a la cabeza de los más grandes intérpretes, autores y compositores de la música popular y que son exitosos en el planeta.
