El fallecimiento del ex presidente Raúl Alfonsín exterioriza el sentimiento de la pérdida de un estadista que tuvo la difícil misión de encaminar los destinos del país tras un tiempo de dolor y muerte.
El 30 de octubre de 1983 la fórmula Raúl Alfonsín-Víctor Martínez triunfó con 51,7% de los votos sobre el 45% de la dupla peronista Italo Lúder-Deolindo Bittel. Asumió el 10 de diciembre de ese año, Día Internacional de los Derechos Humanos, y ante la Asamblea Legislativa anunció los ejes de su gestión: derogación de la ley militar de autoamnistía y fin de la Doctrina de Seguridad Nacional, reforma del Estado y de la universidad pública, protección a la industria, un Plan Alimentario Nacional (PAN) para los carecientes, un intenso programa de alfabetización y de obra pública. Denunció en la campaña un pacto militar-sindical para garantizar impunidad a los dictadores y tras asumir ordenó por decreto juzgar a las juntas militares y las cúpulas guerrilleras. Creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) que documentó las violaciones a los derechos humanos en el libro "Nunca más", testimonio fundamental para los juicios que concluirían dos años más tarde con la condena a los militares.
Pero la herencia de la dictadura estaba lejos de morir. En la Semana Santa de 1987, Alfonsín soportó la primera de las tres sublevaciones castrenses encabezadas por Aldo Rico y Mohamed Alí Seineldín. En política internacional debe evocarse la paz con Chile, por pleito del Canal del Beagle. Los militares amenazaron permanentemente su gobierno, pero gracias a la templanza y a la convicción de Alfonsín, se logró inaugurar el mayor período democrático de la historia.
Al evocar su figura, rendimos homenaje no sólo a un hombre, sino a una conducta, a las ideas, a un sistema, el democrático, elegido como cuerpo institucional y forma de gobierno y de convivencia. Raúl Alfonsín no es sólo sinónimo de restauración y afianzamiento de la democracia. Fue el más contundente testimonio de lucha contra la impunidad y por los derechos humanos. Buscó el consenso de las diversas fuerzas políticas, y no sólo las convocó a ocupar puestos ejecutivos en su administración, sino que también constituyó el Consejo para la Consolidación de la Democracia, como ámbito de debate plural y a la vez en función de los intereses de la República a largo plazo.
En tiempos de crispación y estéril confrontación se hace necesario asumir el legado de respetuoso pluralismo del estadista que la historia lo recordará como un hombre de la democracia.
