Por sus condiciones geográficas San Juan tiene las limitaciones que impone la naturaleza a las regiones semidesérticas, donde la vida es posible junto a los escasos acuíferos superficiales.

Son los hábitats condicionados al manejo responsable de los escasos recursos, tanto para al hombre como para las demás especies animales. Cualquier desequilibrio del ecosistema lleva a situaciones irreversibles, no hay tecnología que recupere suelos degradados ni devuelva la fauna extinguida por el mayor depredador, el hombre. Ni siquiera en lugares de generosa vegetación, es posible cambiar su fisonomía -deforestaciones para uso agrícola o maderero- sin sufrir graves las consecuencias que genera escurrimientos, erosiones y cambio de los ciclos ambientales.

Estas reflexiones apuntan a fortalecer la iniciativa de la comunidad de Valle Fértil, con apoyo oficial, para avanzar hacia la concreción de las previsiones del Plan de Manejo del Area Protegida. Es decir, la ejecución de acciones tendientes a la preservación, recuperación y uso sustentable de los recursos, para lo cual se prevé la organización, capacitación y participación activa de esa población.

La propuesta es oportuna, porque este manejo ecológico incluye al denominado Parque Natural Valle Fértil, creado en 1971 por la Ley 3666, un área protegida de 80.000 hectáreas, que encierra la preciosa serranía vallista, donde se encuentra la traza del circuito del Safari Tras las Sierras, que se realiza desde hace cinco años.

Esta competencia reúne a unos 30.000 espectadores para ver un rally de autos y motos, durante tres días, que si bien es un acontecimiento turístico con buen rédito económico para los lugareños, es también un ataque ecológico de magnitud. Un informe de impacto ambiental sobre el daño al paisaje, resulta contundente. Por eso es criticable que se busque consenso entre autoridades, organizadores de la competencia y vecinos, para suspender definitivamente el rally, cuando existe una ley que debe respetarse celosamente.

Pero no todo debe terminar en Valle Fértil. Existen en San Juan otras zonas protegidas, incluyendo los ríos cordilleranos, donde el deporte a campo traviesa y el turismo de aventura, están terminando con las escasas especies que pueblan ese territorio inhóspito, además de la incesante caza furtiva y los devastadores del monte natural en procura de madera.

A todo esto le cabe el interrogante: ¿el Dakar, traerá beneficios superiores a cambio de horadar campos vírgenes, diezmando lo poco que queda de la fauna perseguida?