– jueves 1-07-10
Hay temas que la discusión actual ha puesto en primer plano, pero se discuten desde la antigüedad, como la diferencia acerca de lo natural y lo artificial, lo que sería no natural o contrario a la naturaleza; esa discusión es antigua, la filosofía defendió en lo que se llamó Metafísica (ciencia del ser), la relevancia de lo universalmente válido. La tradición socrática defendió esa universalidad frente a la retórica de la sofística, que confiaba en acuerdos o convenciones arbitrarias. La filosofía aristotélica intentó esclarecer la naturaleza de ese pensamiento, y sostuvo que una cosa puede ser pensada y nombrada de distintas maneras, como lo que es (sustancia), pero también como las cualidades y relaciones que tiene, y con referencia a lo que la distingue como especie, por ejemplo la racionalidad (logos) en el hombre, eso define para Aristóteles la especie humana.
La especie es lo que define con más claridad una cosa cualquiera, se distingue del nombre propio porque éste hace referencia solo a un individuo, por lo tanto no tiene universalidad, y precisamente esa universalidad es la que salva el pensamiento del vacío de sentido de la retórica sofista; ésta hacía valer el aspecto o la interpretación de la realidad que servía a los fines propios del individuo, sin referencia a lo universalmente válido; entonces cómo lograr un pensamiento que por lo menos sirviera para entenderse unos con otros, sin limitarse al interés de cada uno, para poder vivir en sociedad. Los sofistas recurrieron a convenciones arbitrarias, a un acuerdo en llamar de esa manera a las cosas que tienen cierta semejanza entre sí, un ejemplo puede ser llamar hombres a los individuos, que para ellos se parecen en algo, y para los filósofos se parecen porque pertenecen a la misma especie, no solo se parecen, comparten la misma naturaleza, humana en este caso.
Por qué este tema de nuevo en el análisis filosófico. La diversidad de culturas se ha hecho hoy más notoria por la facilidad en las comunicaciones, eso hace que la búsqueda de una moralidad común se plantee como una urgencia. El filósofo alemán Robert Spaemann en una conferencia reciente en España dijo: "En realidad, esa misma pluralidad ofrece una clave para descubrir lo universalmente válido en la naturaleza humana”.
Puede calificarse una acción de antinatural, tiene sentido hablar de derecho natural; como dice el filósofo alemán las palabras "natural” y "antinatural”, en el lenguaje cotidiano tienen función moral; hoy la discusión moral ha actualizado temas que enfrentan el "sentido moral común” y un nuevo paradigma individualista sin principios.
En la conferencia citada Spaemann juzga esa moral individualista: "La prohibición de torturar, de engañar o romper promesas no es en principio distinto de la prohibición de cruzar la calle en rojo". Eso es erróneo, la tortura en sí misma es mala, por su naturaleza; no se puede reducir el fundamento de su prohibición a ser el resultado de un acuerdo, en cambio el tránsito se ordena por criterios de practicidad. La discusión actual sobre la realidad del matrimonio puede prosperar dentro de un marco teórico que no desconozca la naturaleza, lo que las cosas son en sí mismas; lo artificial, externo a la naturaleza, puede ayudar desde su exterioridad a recuperar el estado pleno de la naturaleza cuando algo dificulta su desarrollo, también podría perjudicarla, en la medicina hay ejemplos de eso. La naturaleza contiene un principio de desarrollo, en el caso de la especie humana ese desarrollo incluye, en la unión de un hombre y una mujer, el modo de complemento para el individuo y de procreación. El interés individual no puede ir contra esa realidad natural, que incluye la procreación y la educación de los hijos. Hay diferencias entre el hombre y la mujer, biológicas, psicológicas y espirituales, en ellas se basa el matrimonio, y en él está el ambiente favorable para la educación de los hijos.
