Los estragos que están cometiendo los combatientes del autodenominado "Estado Islámico” (EI) contra la población civil, víctima de un salvaje sometimiento a las minorías religiosas como los cristianos y sectores musulmanes contrarios a la radicalización de quienes cometen atrocidades para imponer la sharia, o ley islámica extrema, requieren la urgente ayuda internacional para contener lo que se encamina a un nuevo genocidio.
Entre las voces que reclaman la asistencia humanitaria a los miles de refugiados que huyen del horror, antes de ser alcanzados por las ejecuciones masivas, se encuentra el clamor del padre Luis Montes, el sacerdote argentino perteneciente al Instituto del Verbo Encarnado, que está radicado desde varios años en Bagdad, la capital de Irak.
El religioso vive de cerca los embates de la jihad y alerta sobre el avance de las milicias terroristas y lo poco que se hace para contenerlos, y en particular, para para asistir a los refugiados ya que ni siquiera se logra coordinar la ayuda humanitaria que llega a los campamentos. Es decir, cientos de miles de vidas corren riesgo de perecer tanto por la acción terrorista como por carecer de alimentos, agua y necesidades básicas para subsistir, caso de medicamentos.
El panorama es más sombrío todavía ya que mientras Occidente busca estrategias para detener al Estado Islámico en el campo militar, la población civil perece en el olvido. Pero no sólo se trata de las milicias fundamentalistas sino de la logística que los acompaña. Existe connivencia de naciones árabes de mayoría sunnita para con los extremistas islámicos. Es el caso de Qatar y Arabia Saudita que apoyaron abiertamente a los rebeldes que iniciaron la guerra civil en Siria, y después, cuando EI ingresó en Mosul, lo hizo con armas provenientes de Siria, para citar un ejemplo verificado sobre el terreno.
En este contexto de horror es donde deben actuar las Naciones Unidas coordinando la forma de cortar la ayuda que reciben los terroristas, para asfixiarlos en su poder de fuego y, por otra parte, canalizar la ayuda humanitaria. Pero también es necesario actuar en el plano político, de manera de presionar al gobierno de Bagdad para que conforme un gobierno de unidad con inclusión de las variadas corrientes del complejo y ancestral espectro político-religioso.
