Pienso que debemos abordar este vergonzoso mercado, sobre todo reforzando la prevención, el tratamiento y la atención de la persona adicta. Si no hubiese demanda, tampoco habría oferta. Por desgracia, el mundo de las adicciones ha ido a más, en parte por ese rechazo a seres humanos enfermos, totalmente desprotegidos, sin ningún proyecto de vida. Por tanto, junto a los proyectos preventivos de información deben coaligarse otros de orientación, para que en el momento de enfrentarse a la realidad cotidiana se tengan experiencias más apegadas al contexto y sean más efectivas.
El fracaso escolar, la desestructuración familiar, los problemas laborales, personales, de salud y sociales, suelen ser verdaderos trampolines hacia el consumo de sustancias psicoactivas que nos modifican nuestra manera de ser y de actuar.
Desde luego, la humanidad tiene que avivar estilos de vida más saludables para todas las personas, favorecer acuerdos para una verdadera interacción social y estimular cauces de comunicación mediante la promoción de un ocio sano. Para conseguir avances, no hay mejor manera de propiciarlo, que con la participación de los jóvenes, puesto que tienen ideas y soluciones, únicamente hay que escucharles. Además los adolescentes suelen ser más efectivos a la hora de transmitir mensajes de prevención a otros jóvenes con su misma sensibilidad cultural, ya que comparten experiencias similares en lugares comunes.
En estos momentos cohabita la enfermedad de la maldita adicción con el negocio, de ahí la necesidad de reforzar compromisos mundiales de salud y derechos humanos. La responsabilidad ha de ser compartida para salir de la espiral de violencia y conseguir la autonomía de la persona. Causa verdadero dolor saber que el filón de la droga sea uno de los más rentables.
Se debería actuar con más rotundidad ante este funesto problema mundial, que además financia terror y sirve para el lavado de activos, siendo el causante de tantas existencias arruinadas en vida. Por consiguiente, considero que la Asamblea General sobre el problema mundial de las drogas que, se celebrará en 2016, puede ser una extraordinaria oportunidad de avanzar en soluciones, analizando nuevas formas de enfrentar la cuestión del narcotráfico, cada vez más compleja.
Sin duda, será el momento de adoptar medidas mucho más concertadas ante el gran número de sustancias psicoactivas, no aptas para el consumo humano, que transitan por las redes con una apariencia de legalidad que no es tal. La mezcla de estas potingues de diseño, que a veces se compran sin saber sus consecuencias, ya han tenido resultados desastrosos sobre todo entre la juventud, dispuesta a probarlo todo.
Para decir no a la droga, obviamente hay que convencer primero, prestando la asistencia necesaria después. No olvidemos que el tráfico de drogas es un comercio ilícito global que involucra tanto el cultivo como la fabricación, distribución y venta.
Evidentemente, debemos romper, sin miramiento alguno, este ciclo destructivo con el fin de proteger el derecho innato de las personas a un modo de vida autónoma y saludable, lejos de este comercio, que no sólo nos atrofia, también nos mata.
