En San Francisco del Monte está la primera escuela que fundó Domingo Faustino Sarmiento, a la edad de 15 años.

 

Domingo Faustino Sarmiento, el hombre múltiple, el genio predestinado, no sólo encarnó al periodista, al escritor, al orador, al reformista, al hombre de estado, sino también al apóstol de la educación, al Maestro de los Maestros, al Padre de la escuela argentina. De su corazón brotó un juramento solemne: vivir para enseñar, para levantar un muro sagrado e infranqueable a la ambición y a la ignorancia, vivir para luchar en pos de la cultura de su pueblo y por ende, la libertad de su patria, para convertir a los hombres de los llanos, de las sierras, de las selvas en patriotas capaces de distinguir el bien del mal, en obrar por sí solos con altura y dignidad. No disponiendo de recursos para seguir estudios superiores, se transformó en autodidacta, convirtiéndose en el maestro creado por su propio esfuerzo, preparado en la vasta escuela de la vida. Por ello, conoció profundamente las necesidades de su patria, las causas de las flaquezas sociales, naciendo así el anhelo supremo de su espíritu de levantar el nivel de cultura de sus compatriotas. Atacó de frente, el mal de América con la instrucción, la inmigración y el orden. Fundó escuelas y múltiples bibliotecas, baluarte que lucharía con armas invencibles, capaces de dar por tierra con la barbarie de las huestes montoneras que encabezaban la ignorancia y la barbarie. Fue el organizador de la escuela argentina en su más amplio significado: moral, social y político. Como maestro de primeras letras, como autoridad directiva de la educación, como legislador, ministro, gobernador y primer Magistrado de la Nación, en todas las posiciones se manifestó con el mismo afán, en beneficio de la enseñanza metódica, científica, bien organizada, creando al maestro de verdad, capaz de moldear a los educandos en el crisol de la justicia, la paz y el trabajo que dignifican y engrandecen. Su pasión fue la instrucción pública, pasión que manifiesta desde adolescente cuando en San Francisco del Monte, enseña a niños y adultos, en 1826. Ardua fue la lucha que debió sostener el gran Maestro ante la indiferencia de muchos. En 1862 como gobernador de San Juan decía: "Ayudadme a fundar escuelas, ciudadanos, y habréis hecho la felicidad de vuestros hijos y la única gloria a que aspiro''. Sarmiento, en su obra educativa es comparable al torrente impetuoso que a la vez que arrastra las rocas que la ignorancia opone al progreso, ofrece sus aguas benéficas, como bálsamo divino a la juventud sedienta de saber. Su vida estuvo hecha de agotadores trabajos y de frecuentes derrotas, tuvo energías sobrehumanas y flaquezas conmovedoras, luces y sombras, que ya al final de la vida le harían decir: "He amado mucho. He amado a mi madre y he amado a mi Patria y muchos de mis pecados me serán perdonados''. Falleció el 11 de septiembre de 1888 en Paraguay. Profundo fue el poeta José Pedroni cuando expresó la vívida y humana contradicción del gran hombre: "Fue el puño de la piedra y de la rosa, la espada y la paloma, el ángel y el león''.

 


Por Ernesta Rombolá Dibella de Belbruno   Profesora