La voz de la pandemia. La Dr. Mónica Jofré, jefa del Área de Epidemiología del Ministerio de Salud sanjuanino.

Comunicar novedades sobre una catástrofe o como en la actualidad una pandemia, en conferencias de prensa televisadas en vivo, es un trabajo que muchas figuras públicas no desean efectuar. Para algunos estudiosos de la comunicación no suma a una mejor imagen si quienes lo practican son políticos. Los voceros de la actual crisis sanitaria en todo el país, con pocas excepciones, no son funcionarios, ni periodistas especializados, sino epidemiólogos, es decir peritos en la disciplina científica dedicada a estudiar la distribución, regularidad y control de enfermedades "en poblaciones humanas definidas", como precisa la Real Academia Española, y que, además, incluye la medicina preventiva.

 

En San Juan, el papel del vocero casi diario de Covid-19, está a cargo de la Dra. Mónica Jofré, jefa del Área de Epidemiología del Ministerio de Salud, y su trabajo, junto a un valioso equipo de profesionales que la acompaña, ha sido desde el primer día, además de riguroso, muy correcto y creíble. Esto, desde la óptica de distintos sectores, particularmente desde la opinión pública, si tomamos también como muestra que no se hayan conocido comentarios adversos sobre su trabajo ni "observaciones profesionales" por parte de la prensa, teniendo en cuenta que, en este caso, una especialista médica cumple el rol de comunicadora y en un marco excepcional e histórico de la propagación mundial de una enfermedad de la que los sanjuaninos no somos la excepción. Pude apreciar de cerca y con mucha frecuencia en mis trabajos periodísticos en Europa el interesante cometido, de vital importancia, de los voceros, o portavoces, como se llaman en España.

 

Su exposición ante los medios y en vivo, aunque hoy sea de manera digital y con la mecánica de entregar previamente las preguntas y ser leídas por competentes y expeditivos profesionales de Comunicación del Ministerio, es una tarea compleja que tiene, o debería tener, una preparación previa. El nerviosismo no puede evitarse, aún cuando se haya realizado el mismo trabajo varias veces antes, y lo que el vocero necesita tener claro desde un principio es que el público necesita entender lo que se está diciendo, más allá de, como en este caso, se trata de una peste no definida suficientemente, que requiere de terminología científica propia de la medicina y de la epidemiología en particular. Por ello, también es bueno no expresarse a mucha velocidad, y en esto también cumple con el requisito la Dra. Jofré. Incluso, si hay información que no puede darse por el momento, los periodistas lo van a comprender.

Si observamos el resto del país o de América, e incluso Europa, la mayoría de estos portavoces son hombres y científicos de profesión, y pocas veces es el mismo ministro o máxima autoridad de Salud o mandatarios. En la inmensa mayoría de los casos, cuando este particular trabajo de comunicación se prolonga en el tiempo por las características de la evolución de la pandemia, el vocero o vocera se hace popular y puede ser requerido por fotos en la calle y hasta se le acercan a hacerles preguntas directas como "¿Es verdad que…?" o "¿Usted piensa que llegó para quedarse esta enfermedad, pero no puede decirlo?".

El hecho de ser la provincia de San Juan la tercera del país con menor número de contagios y casos positivos, lo que da al contenido informativo un marco más bien alentador, favorece mucho la cercanía con este rostro que entra todos los días a cada casa por televisión, radio, papel o medios digitales, como en el caso de DIARIO DE CUYO. Y hasta hay mujeres que se fijan en si Mónica "repite vestuario", si está "más elegante que ayer", si le queda bien "esa pulsera", o si hoy "se pintó mejor" los ojos o los labios.