El pueblo trabajador se movilizó de forma espontánea para reclamar la liberación del Coronel Juan Perón.

El año 1945 está grávido de hechos históricos muy significativos. Terminaba la sangrienta Segunda Guerra Mundial, lamentablemente y horrorosamente, en agosto de ese año, Estados Unidos, por orden de su presidente, Harry Truman, lanzó dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Luego se iniciaría "La Guerra Fría". En nuestro país se puede decir que este año fue liminar en lo político. Desde el golpe de estado de 1943 comenzó a tomar brillo la figura del coronel Juan Domingo Perón. En un momento llegó a tener tres cargos. Pero fue desde su función como Secretario de Trabajo y Previsión que se hizo conocer, tomando una serie de medidas en beneficio de los trabajadores argentinos. La provincia de San Juan, herida de muerte por el terremoto de enero de 1944, recibió una inmensa ayuda. Así, la popularidad de Perón creció, y esto no fue del agrado de varios oficiales superiores del Ejército y de las Fuerzas Armadas. Fue detenido, y se declaró una huelga general espontánea, que históricamente pasó a llamarse "El Día de la Lealtad". El hecho ocurrió hace 75 años. En relación a este día, existe -entre otros- un acabado trabajo historiográfico, escrito por Santiago Senén González y Fabián Bosoer, donde además de nutrirse de la bibliografía pertinente rescataron valiosos testimonios de algunos sindicalistas que vivieron aquella jornada, tales como Cipriano Reyes, Eleuterio Cardoso y Andrés Framini.

Por el intenso calor, la gente se mojaba los pies en la fuente de la Plaza de Mayo

El primero de ellos ocupaba en aquel entonces la secretaria del gremio de la Federación de Sindicatos Obreros Autónomos de la Industria de la Carne. En la entrevista puntualiza: "Ese día los trenes no circulaban, los ferroviarios adheridos a la marcha habían cortado con tijeras para alambres los cables de señalización y así se interrumpió el servicio.


Cuando Perón habló desde los balcones de la Casa Rosada se apagaron las luces que alumbraban la Plaza. Los trabajadores que tenían diarios les prendieron fuego y los transformaron en antorchas. Fue un espectáculo emocionante...". Por su parte, Eleuterio Cardoso -en aquel tiempo delegado de la sección hojalatería del frigorífico la Blanca en Avellaneda- expresa: "Nuestro gremio cumplió un papel fundamental en aquellos días... al grito de 'viva la huelga' y 'viva el coronel' recorrimos los establecimientos fabriles de Avellaneda. La reacción de la gente fue maravillosa. Nos sentimos héroes, nos aplaudían, salían de los balcones. Muchos nos arrojaban banderas, flores. No portábamos carteles, cantábamos 'sin galera y sin bastón, somos obreros de Perón'. También se cantaba 'Perón presidente'. En ningún momento de la marcha tuvimos problemas con la policía". Andrés Framini, a la sazón trabajador en la fábrica textil Picaluga, situada en el barrio de la Boca, dice: "No se entonaron cánticos partidarios. Alguna gente llegó caminando y otros lo hicieron en tranvías. Hacía mucho calor y es cierto que a causa de ello la gente se mojaba las piernas en la fuente de la Plaza de Mayo".


Los protagonistas mencionados coinciden en la naturalidad de la movilización. Por ejemplo, Cipriano Reyes sostiene el carácter autónomo de la marcha, desprovista de cualquier influencia, organicidad o manejo desde el poder. Igualmente, Cardoso opina que no hubo conducción en aquella jornada. Esencialmente existió espontaneidad e improvisación en un 90 por ciento. Concluye formulando un juicio significativo: "Es importante destacar que en la historia argentina nunca se había dado una movilización de esas características. Los hombres que planearon el paro para el 18 acompañaron el 17, pero si bien fueron rebasados por la espontaneidad de la multitud, estaban predispuestos". 

Por Prof. Edmundo Jorge Delgado
Magister en Historia