El mes de octubre fue un duro y convulsionado tiempo para el Vaticano. El desarrollo del Sínodo de Obispos; la confesión pública del prelado polaco Krzystof Charamsa, ex funcionario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, respecto a su salida del armario y presentando a su novio catalán; la falsa noticia de la enfermedad del Papa; unido a lo sucedido la noche de Halloween con el arresto por parte de la Gendarmería Vaticana, de mons. Luis Ángel Vallejo Balda y Francesca Chaouqui, no sólo resulta inquietante sino también doloroso. Desde hacía seis meses se estaban analizando las intrusiones al sistema informático de la Santa Sede, pudiendo individualizar los canales de acceso y los destinatarios de la información y de los documentos reservados de las oficinas de finanzas de la Santa Sede. El análisis de la computadora y del celular de Vallejo Balda ha servido para llegar a identificar los gestores y los destinatarios de estas noticias, culminando con el arresto de esta extraña pareja. Ambos son acusados de haber originado un nuevo "Vatileaks”, o filtración de información sobre las finanzas vaticanas, que será publicada en dos libros. La divulgación de noticias y documentos reservados es un delito previsto por la Ley n. IX, art. 10 del Estado de la Ciudad del Vaticano, que comprende desde 4 a 8 años de prisión. Ahora, el español, de 53 años y cercano al Opus Dei, que pretendía convertirse en el hombre clave de la economía de la Santa Sede, se encuentra en una celda vaticana. Tiene la cara entre las manos, preocupado por su anciana madre con la cual, hijo único, vivía hasta hace tres días en Roma. Como siempre sucede, el Opus Dei se lavó las manos a través de un comunicado de prensa diciendo que "la prelatura no tuvo ninguna información sobre el caso y no intervino ni supo de esta decisión hasta que se hizo pública: los superiores de monseñor Vallejo son los de la Santa Sede y el obispo de la diócesis de Astorga”. Resulta paradójico, que mientras comunican que se lo ha buscado "acompañar espiritualmente” a Vallejo, ahora se lo deja librado a la suerte de los vientos, o mejor dicho, de las tempestades.

Francesca Immacolata Chaouqui, italiana calabresa de 32 años, la joven rampante capaz de abrir las puertas del Vaticano a sociedades de asesoría internacional y a conocidos personajes importantes, estuvo detenida durante una noche en el Vaticano, en una residencia de monjas salesianas, antes de ser liberada. En abril del año pasado, durante la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II, Vallejo Balda y Chaouqui protagonizaron un evento que disgustó bastante al Papa Francisco. Organizaron un buffet que costó 18 mil euros, con vista privilegiada para 150 selectos invitados en la terraza de la Prefectura para los Asuntos Económicos, y mientras los peregrinos del mundo entero que acudieron a la celebración de dos nuevos santos, se encontraban desde hacía un día apilados y con las incomodidades del caso esperando tan anhelado momento en una atiborrada Plaza de San Pedro.

Quien ha podido hablar con el pontífice en estos días lo ha encontrado "desconsolado y disgustado”. Según Mons. Nunzio Galantino, secretario de la Conferencia Episcopal Italiana, y hombre de confianza del Papa, este "Vatileaks” es un ataque a la Iglesia, por parte de algunos atemorizados ante el proceso de renovación y reforma que Bergoglio está llevando adelante. La sensación y el clima en el Vaticano es que los "corvi”, o cuervos, no han dejado de volar en los recintos palaciegos detrás del Tiber. Tres años atrás fue encarcelado el mayordomo de Benedicto XVI por el mismo motivo: fuga de papeles desde el mismo escritorio de Ratzinger. Es innegable que existe una verdadera red de traidores, algunos de los cuales son sospechados y vigilados, pudiendo terminar en prisión. El sistema informático de la Santa Sede tiene tres niveles de seguridad, cuyos códigos equivalen a los nombres de los arcángeles. El primero, denominado "Miguel”, es el más alto y protege la comunicación del Papa y de la Secretaría de Estado. El segundo, "Rafael”, abarca a las oficinas intermedias, y comprende aquellas que ahora han sido violadas: la que fue hasta hace poco tiempo la Comisión para el estudio de las actividades económicas y administrativas de la Santa Sede (Cosea), y la computadora del revisor general de las finanzas vaticanas, Libero Milone, que vigila las cuentas del banco Vaticano y los balances de la Santa Sede. Responde directa y exclusivamente al pontífice. Algunos deben haber quedado resentidos. Se han cerrado 4.600 cuentas del IOR (banco) y 126 han sido bloqueadas. Así lo informaba hace un año, René Brülhart, presidente de la AIF, autoridad vaticana que vigila para evitar el lavado de dinero a través de cuentas bancarias. Se trata de un abogado suizo, que antes tenía a su cargo esta tarea en el principado de Liechtenstein: un país soberano, que desde 2011 forma parte del espacio de libre circulación europeo, considerado un paraíso fiscal. De seis casos sospechosos de lavado de dinero en cuentas vaticanas en 2012, se ha pasado a 350 en 2014. El tercer nivel de seguridad, "Gabriel" está conectado a las oficinas inferiores, comprendidas las que tienen atención al público. El encargado de la computación de este último circulo era hasta hace poco tiempo el marido de Chouaqui: el ingeniero informático Corrado Lanino Una ayuda fundamental para llegar al arresto de los dos implicados en este caso, han sido unas monjas americanas, expertas en la actividad contra acciones de los hackers.

Hoy acaban de aparecer en las librerías italianas los dos libros que publican noticias presuntamente aportadas por los dos personajes cuestionados: "Via Crucis” de Gianluigi Nuzzi y "Avarizia”, de Emiliano Fittipaldi. En ellos se comenta el pedido del Papa, a poco tiempo de asumir, en una reunión a puertas cerradas para discutir los balances de la Santa Sede y el "Governatorato” del Vaticano: "ante cualquier gasto a realizar se deben pedir tres presupuestos. Sin autorización, no se paga”. En los dos libros se citan casos clamorosos de obras ejecutadas con un presupuesto único, dejando huecos financieros de 700.000 euros en el supermercado, 500.000 en la tienda y 300.000 en la farmacia: todos dentro del Vaticano. Entre los capítulos más increíbles que aportan los dos textos, está el patrimonio inmobiliario de la Santa Sede. Nuzzi escribe que los del Apsa (Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica) valen 2,7 billones de euros, pero en los balances aparecen valuados en una suma siete veces más baja. Fittipaldi amplía la información citando un documento en el que se señala que "hay 26 instituciones relacionadas con la Santa Sede que poseen bienes inmuebles por un valor de 1 billón de euros al 31 de diciembre del 2012”. Más que una fuga de documentos, este hecho es un robo de confianza hacia un Pontífice que, más allá de las presiones, seguirá comprometido en reformar la Iglesia con serenidad pero con determinación.