El arte, universo de la comunicación humana, ocupa un lugar preponderante en la vida de la humanidad. A su vez, profundiza hacia aquellas zonas del mundo, que sólo son accesibles a la intuición creadora, develando así, los universos internos de la persona y sus huidizos significados. Lo que distingue al ser humano de otras especies es la capacidad de transmitir emociones a otros y emocionarse. Muchas veces, la expresión artística, ya sea de la danza, música pintura fotografía o la escultura. Los seres humanos no somos seres racionales a secas sino más bien, seres primero emocionales y luego racionales, además sociales. Si miramos un cuadro, estamos viendo el alma del artista. Cuando se escucha una melodía se despiertan infinidad de sentimientos. Tal vez, viajemos en el tiempo con un recuerdo del pasado, una situación que a veces conduce a la alegría o pena, quizás cuando se escucha nos llena de energía o se nos saltan las lágrimas por su letra, que llega al corazón por su sonido, y ritmo.
Si miramos un cuadro estamos viendo el interior del artista, pero también trocitos de uno mismo. Podemos sentirnos reconocidos y sin saberlo hay algo que nos atrae, sin saber la razón, o nos produce rechazo, pero no nos deja indiferentes.
De una u otra manera provoca una reacción en nosotros. Si nos gusta el cine o el teatro o un concierto, es porque nos llena de emociones, alegrías, diversión, euforia. Aristóteles decía, respecto a la música: ‘La música expresa los movimientos del alma’. Hay emociones que restringen, limitan, bloquean y en el caso educativo, dificultan el aprendizaje. Ellas son portadoras de importantes mensajes. Si lo trasladamos al escenario educativo afloran volcándose en la música, el teatro, la literatura. Intenta develar lo que está oculto y difuso, para hacerlo visible y preciso. Desde tiempos inmemorables ha sido vehículo de comunicación y por lo tanto de expresión emocional. El arte siempre ha jugado un papel importante en las sociedades dinámicas, abiertas y creativas innovadoras. Es catarsis y liberación emocional. Además proyecta hacia el juego, no sólo de niños, sino de adultos porque ellos también deben jugar. Hoy gracias a la neurociencia podemos hablar de neuroeducación, neurocultura. En ellas, se aprovechan los conocimientos sobre cómo funciona el cerebro, integrado con otras disciplinas en un intento de mejorar y potenciar los procesos de aprendizaje y memoria de los alumnos. En el corazón de estos nuevos conceptos está la emoción tanto para el que enseña como el que aprende. Esto nos lleva a entender que un enfoque emocional es nuclear para aprender y desde luego para enseñar. También nos lleva a comprender que lo que mejor se aprende es aquello que se ama. Es cuando el aprendizaje en los alumnos hace brillar sus ojos, resplandecer, llenar de alegría, de sentido, y eso nos empuja a aprender. Es importante pensar en este receso invernal, cómo disfrutar del abanico de actividades recreativas que ha organizado la provincia. Visitar museos, escuchar conciertos, talleres de diversas disciplinas, funciones teatrales que apuntan a desarrollar el desarrollo integral del alumno. A través de ellas podemos hacer de nuestra vida una melodía. El arte transporta y transforma.

