Un relevamiento anual sobre la evolución global basada en la tecnología, ubica a la Argentina muy lejos de las naciones que sustentan su desarrollo en las tecnologías de la información y otros adelantos de la conectividad para fortalecer sus economías y en el bienestar de la sociedad.
El Foro Económico Mundial acaba de publicar su Reporte Global de Tecnologías de la Información, elaborado con 54 indicadores de datos oficiales, a fin de evaluar el comportamiento del índice de conectividad y la capacidad para aprovechar las tecnologías de la información en 148 naciones. En esta tabla de crecimiento, nuestro país está en el puesto 100, con el agravante de estar también últimos en la América latina, de por si retrasada con respecto a otras regiones del mundo.
Según este ranking, el tope de la lista se mantiene sin grandes cambios sobre los resultados del año pasado. Los primeros lugares son liderados por Finlandia, Singapur, Suecia, Países Bajos, Noruega, Suiza, Estados Unidos, Hong Kong, Reino Unido y Corea del Sur, en tanto en Latinoamérica Chile está en el puesto 35, Panamá 43, Costa Rica 53, Brasil 69 y México 79, para señalar los mejores comportamientos de la zona.
El estudio compara la infraestructura de tecnologías de la información disponible en cada país, el costo de acceso a estas herramientas modernas, el uso por parte de gobiernos, empresas y ciudadanos, el marco político, el entorno empresarial y el impacto de estas tecnologías en la economía y la sociedad. Al respecto, se observa el desafío que enfrenta la región ante la necesidad de mejorar su infraestructura tecnológica para evitar que la brecha digital no nos aleje más de los parámetros de crecimiento de los países desarrollados gracias al aprovechamiento de la tecnología en el uso cotidiano.
Si bien Argentina es líder en América latina -y se destaca en el mundo- en el acceso y uso de Internet, por encima de Chile, Brasil, México, para citar a los países más competitivos, el empleo masivo se centra en las redes sociales y no en el trabajo, el estudio y en la pesada burocracia estatal donde el retraso es preocupante. En esto último influyen las decisiones políticas, con importaciones cerradas que impide disponer de servidores y sistemas de telecomunicaciones de última generación, a lo que se suman las restricciones y medidas regulatorias que frena la inversión externa.
Esto explica también por qué nuestra Internet es la más cara y lenta del continente.
