Transcurridos 196 años, aquel 9 de julio de 1816 sigue siendo para nosotros la partida de nacimiento de la Nación. Entonces, apenas había un conjunto de pueblos rebeldes y dispersos, conducidos por un grupo de hombres dispuestos a cambiar la historia. Entre ellos se contaban españoles y criollos; unos privilegiaban el orden existente y la fidelidad al monarca con utilidades y beneficios, otros pugnaban por ideas de progreso, de libertad y de independencia, que podían ser conceptos peligrosos.
Declarar la independencia en los días en que se la proclamó parecía una insensatez. Sin embargo, lo hicieron aquellos pequeños pueblos desperdigados en un enorme territorio, casi incomunicados entre sí, con largas distancias, unidos por la fidelidad ambigua a un remoto monarca ubicado en ultramar, cuyo poder lo ejercían funcionarios por los que no sentían adhesión alguna. La situación debía cambiar.
Esos hombres y los pueblos distantes estaban, a pesar de todo, unidos por la lengua y por la fe religiosa, dos elementos aglutinantes y solidarios. Convivían con la precariedad y con la sencillez, pero tuvieron un verdadero sueño: la Patria propia. El momento no era oportuno porque ellos y la ciudad portuaria, hegemónica y petulante de la capital del virreinato, Buenos Aires, estaban amenazados por todas partes, sin resquicio alguno para escapar de una trampa mortal.
Dice Joaquín V. González: "Es justo decir que el Congreso de Tucumán ha sido la asamblea más nacional, más argentina y más representativa que haya existido jamás en nuestra historia”. El 6 de julio de 1816, Belgrano reunió informalmente a los diputados con el temario de la Independencia y, por pedido del diputado por Jujuy, Teodoro Sánchez de Bustamante, la decisión se hizo pública el 9 de julio. Con la firma de su presidente, Francisco Narciso de Laprida, y de Mariano Boedo, vicepresidente, publicó la declaración La Gazeta de Buenos Ayres el sábado 17 de agosto de 1816.
Con la declaración de la Independencia, se firmó la partida de nacimiento de una nueva y gloriosa nación. A la luz de este aniversario, los argentinos hacemos votos para consolidar el verdadero camino de la República, no sólo el de la alternancia en el poder, sino también el de la construcción de una democracia que reafirme las bases de la unidad nacional.
