Una de las grandes deudas sociales del momento es dar solución a la explotación laboral de los niños, porque a pesar de las campañas mundiales contra este sometimiento que frustra la formación de millones de chicos privados de la educación y del sano esparcimiento de su edad, nada ha cambiado al recordarse ayer el Día Mundial contra el Trabajo Infantil 2015, establecido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Según Kailash Satyarthi, premio Nobel de la Paz, nunca se logrará la erradicación del trabajo infantil si antes no se consigue que todos los niños tengan acceso a la educación. Para el activista indio son dos lados de la misma moneda, o un problema triangular, porque el trabajo infantil, el analfabetismo y la pobreza están absolutamente interrelacionados, y no se puede

resolver uno sin solucionar el otro.

De acuerdo al último relevamiento del organismo de las Naciones Unidas, actualmente 168 millones de niños trabajan en el mundo, de los cuales 120 millones tienen entre 5 y 14 años de edad. Es decir que detrás de estas cifras, de por si gigantescas, está el rostro de un ser humano víctima de una existencia penosa por su participación prematura en el esfuerzo de sobrevivir.

En esta coyuntura valen los números de las decisiones políticas, porque anualmente se invierten entre 3500 y 4000 millones de dólares en Ayuda Oficial al Desarrollo en el área de la educación, pero la OIT reclama de los gobiernos aportes por unos 22.000 millones de dólares a fin de poder educar a todos los niños del mundo. Parece un monto imposible de conseguir, pero la cifra equivale al gasto militar mundial de 4,5 días. Es para reflexionar.