El electorado asestó un doble voto castigo en las últimas elecciones europeas. Por un lado, fue rechazada la centroizquierda de los 27 países de la Unión Europea (UE). Los partidos de izquierda tradicionales deberían preguntarse por qué en medio de la crisis, cuando los postulados del libre mercado son duramente cuestionados, la ciudadanía sigue prefiriendo las recetas liberales. Por otra parte, se registró el más rotundo voto de censura al proyecto europeo.

Si la fuerza de la democracia se mide por la participación, el proyecto europeo fue derrotado en las séptimas elecciones, ya que sólo votó un 43% de los 375 millones de europeos habilitados. La participación es el mejor espejo de las dos Europas en que se ha convertido la UE tras seis ampliaciones, contando a la ex República Democrática Alemana. En la Europa de los 15 la participación media es del 55%, pero en los 10 nuevos miembros del Este, no llega al 25 por ciento. Se pueden hacer diversas lecturas de la abstención, pero no deja de ser una mala noticia cuando estaba en juego la elección de la institución más democrática, y cada vez con más poderes de la UE.

Con más de un tercio de los 736 escaños en juego, el centroderecha (Partido Popular Europeo) refuerza su mayoría en el Parlamento, pero, si los conservadores británicos, como han prometido, forman un grupo propio, el resultado de las elecciones será una demostración de que venció la centroderecha. Los laboristas británicos, los socialistas portugueses, húngaros y españoles, y los conservadores griegos son las principales fuerzas gobernantes que han perdido. Los conservadores franceses, alemanes, italianos y polacos son las que han salido reforzadas. Desgraciadamente, del declive socialista no sólo se está beneficiando el centroderecha, sino también la extrema derecha, que ha mejorado su posición en, al menos, media docena de países, entre ellos Holanda, Hungría y Austria.

Estas elecciones han sido importantes porque han demostrado hasta qué punto hay una clara demanda popular de redefinición de programas y objetivos en toda Europa. Las dirigencias que no han sabido o querido escuchar y responder a las exigencias del electorado han sido las grandes perdedoras. En tiempo de crisis económica en el que se exigen cambios en ese sector, también se deberá actualizar la política del Viejo Mundo con una renovación importante.