
La larga cuarentena profundizó el problema del empleo por la difusión de tecnologías que demostraron poder reemplazar muchos de los trabajos que, hasta ahora, eran hechos por humanos. Y el problema se profundiza cuando queremos construir un mundo más justo y más inclusivo.
Por eso, esta "nueva normalidad" que se asoma, debería proponer alternativas prioritarias para la inclusión laboral de las personas con discapacidad (que constituyen la primera población minoritaria del planeta). Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), representan el 15% de la población mundial (cerca de 1.100 millones) y de acuerdo a un informe de la propia OIT de 2019, "su derecho a un trabajo decente es con frecuencia denegado".
Los datos oficiales de la Argentina -¡previos a la pandemia!- respecto de la situación laboral de las personas con discapacidad, son elocuentes en ese sentido: según el Estudio Nacional sobre el Perfil de las Personas con Discapacidad del INDEC en 2018, en localidades de más de 5.000 habitantes de todo el territorio nacional, el 64% de los trabajadores con discapacidad no tiene empleo o no lo busca (las mujeres están 15 puntos porcentuales por debajo de los hombres).
¿Por qué hay tantas dificultades para la inserción laboral de las personas con discapacidad? La explicación es multicausal: desconocimiento de buena parte de la sociedad sobre sus talentos, escasez de instancias formativas con ajustes razonables para su preparación laboral, barreras tecnológicas que les impiden su acceso al mundo digital y carencia de prácticas innovadoras por parte de los equipos de Recursos Humanos de las organizaciones públicas y privadas para captar, desarrollar y retener a trabajadores con discapacidad.
Las situaciones descriptas se acentuaron con la irrupción del covid-19. Éste puso la lupa sobre ellas. Un ejemplo es el impacto que tuvieron los trabajadores con discapacidad con empleo, durante el 2020. Según informes de la OIT y de la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (ASDRA), casi la mitad de los trabajadores con discapacidad jamás fue contactada por sus jefes o sus compañeros desde marzo de ese año (inicio de la pandemia) hasta diciembre de 2020. Y cerca del 80% de sus compañeros, además, tampoco contó durante ese período con herramientas para brindarles apoyo, ya que nunca recibieron una capacitación de buenas prácticas para la inclusión laboral en sus organizaciones.
También, según datos de una encuesta de ASDRA, el colectivo de las personas con discapacidad intelectual fue -y es- uno de los que más sufre la actual recesión. Esto quedó demostrado en que cerca del 70% de los ejecutivos consultados manifestó que en sus empresas no hay estrategias o acciones para incorporar y desarrollar, por ejemplo, a trabajadores con esa condición. Y éstas, a su vez, señalaron importantes dificultades para acceder a las tecnologías que exige la denominada "nueva normalidad".
Los actuales modelos de gestión de las organizaciones públicas y privadas deberían asumir, con audacia, el desafío de implementar estrategias de desarrollo innovadoras que atiendan la riqueza de la diversidad humana. Y, en ese sentido, ¿cómo piensan los líderes promover la inclusión laboral? ¿Son conscientes del talento humano productivo y creativo que, en numerosas ocasiones, dejan de lado por desconocimiento? ¿Será posible aprovechar y adecuar las tecnologías disponibles para mejorar la inserción de los discapacitados?
¡Es tiempo de aprovechar la oportunidad para una "normalidad" mejor, más justa y más inclusiva!
Por Gustavo Mangisch
Director de la Maestría en Nuevas Tecnologías de la UCCuyo y Pedro Crespi, director Ejecutivo de ASDRA
