Guido Iribarren, el recordado "Poeta de las Diagonales".

¡Qué pena, querido amigo, dejar la Peatonal deshabitada del abrazo del poema, desnuda del paso crucial de uno de sus preclaros personajes! Uno a veces no sabe, Guido Iribarren, si es cierta tanta pérdida, si es real el espejismo del vació que desnuda nuestras lágrimas tanto como acaricia la alegría de descubrir un oasis en el desierto. 

Un año más sin tu paso de libre ruiseñor por las calles de San Juan. Hombre bueno, noble ciudadano y persona alada, contagiada por el encanto de poder enhebrar versos, don que permite mirar las cosas en su mejor y más inesperada versión. Lo veo venir, armonioso de mañanitas libertarias, como su alma lo era, paso firme pero lento, como meditando el mundo al estilo del hombre sabio, como él lo era; porque sabio -le escribí una vez- "…es quien descubre en las cosas el meollo, lo más bonito, el cuerpo grácil, el costado prodigioso, la mejor cara. Lo veo venir y al acercarse dispararme el acostumbrado: ‘¡hola poeta!’ y mi invariable: ‘¡más poeta serás vos’, que él siempre festejaba con esa sonrisa criolla, francachona y agraciada, suerte de abrazo con el cual nos agasajábamos en alguna esquinita feliz del día…".

Pena enorme es no tenerte entre nosotros, Guido. Los libros donde los hombres soñadores vuelcan imágenes diferentes para cortejar la vida y construir la ensoñación del poema, lagrimean pero a mares, temblequean sus almitas de papel reseco, acribilladas por lo que falta, descarriadas por la pérdida de pájaros en los campanarios, confundidas por la muerte de lunas nacaradas en inciertas noches de bohemia y luz. 

Las diagonales del barrio donde este poeta de alma y sangre habitaba, por allá por la encrucijada entre linternas de Trinidad y la Ciudad, ya no encuentran la salida. Las tonadas y cuecas que él ubicaba galanas bajo la varita mágica de una perilla de radio, se atropellan de sombras adoloridas en búsqueda de la voz esencial que las sustentaba todos los sábados en "Mañanitas sanjuaninas" y que hoy ha callado para ceder el paso al homenaje de los recuerdos, la soledad de las mojadas nostalgias.

Ser un personaje respetado y querido no es poco. Es redondear con el paso firme de la persona de bien la parábola de la buena gente. 

Florecidos versos que se te caían de todos los poros por el sólo hecho de existir, como le ocurre a los agraciados poetas, te festejarán el alma por los sueños de los sueños.

 

Por el Dr. Raúl de la Torre
Abogado, escritor, compositor, intérprete.