Un dramático informe sobre las crisis humanitarias que se agudizan en el mundo, dieron a conocer organismos de las Naciones Unidas y entidades sociales, lamentando el horror que sufren millones de refugiados y la aparición de nuevas formas de esclavitud que someten a los más vulnerables.

La violencia generada por conflictos o por el crimen organizado provocó el desplazamiento diario de 30.000 personas en 2014, lo que elevó a esta población nómade al récord de 38 millones de personas que vagan con destino incierto para sobrevivir. Once millones de personas se convirtieron en desplazadas sólo el año pasado, el equivalente a las poblaciones de Pekín, Londres y Nueva York, según el Consejo Noruego para Refugiados que sigue de cerca el problema.

Siria concentra el mayor número de desplazados internos, con 7,6 millones, que deben sumarse a los casi 4 millones de refugiados en los países vecinos. En ese país, devastado por una guerra civil que se encuentra en su quinto año, 1,1 millones de personas se sumaron al éxodo interno en 2014. Irak fue el país donde se desplazaron más personas: 2,2 millones, principalmente como consecuencia de la violencia perpetrada por el yihadista Estado Islámico.

De solucionarse los conflictos internos, el retorno no es la solución, ya que en muchos casos los refugiados deben aceptar echar raíces, más cuando la huida es prolongada. Y junto al sufrimiento por desarraigo, son víctimas de otro tipo de violencia y sometimiento por su indefensión ante la indiferencia de la comunidad internacional. Precisamente, cada cinco segundos una persona pasa a ser esclava en el mundo, estimándose en más de 35,8 millones las víctimas sometidas por la aparición de nuevas formas de esclavitud moderna, sin que la sociedad disponga de herramientas para combatirlas, dice un estudio de la Fundación Free Walk.

Hay oleadas de inmigrantes a través del Mediterráneo huyendo de situaciones de pobreza y miedo, pero también de los

abusos y explotación, como el secuestro de mujeres para ser vendidas como esclavas domésticas o sexuales y los hombres para trabajos inhumanos. Las organizaciones humanitarias y la ONU, estiman que muchos gobiernos no asumen su responsabilidad, ni siquiera por tratarse del sufrimiento de sus propios ciudadanos.