La escuela no puede permanecer indiferente ante el problema del abuso de alcohol y drogas, dado que esto afecta tanto su rendimiento escolar como su salud en general. Pero nos preguntamos ¿Qué puede hacer la institución educativa ante un problema sobre el que intervienen cantidad de factores de todo tipo, en condiciones sociales de creciente desigualdad, individualismo y violencia?
La escuela puede constituirse en un espacio contracultural, no sólo desde sus dimensiones curriculares, sino, fundamentalmente, desde el nivel ético en torno a la transmisión de valores como solidaridad, reconocimiento del otro, responsabilidad, justicia y diálogo.
El docente en forma individual o en equipo, puede funcionar como uno de los núcleos institucionales estratégicos para propiciar niveles de crecimiento, autonomía y reflexión. Por ello es necesario propiciar dimensiones como: confianza en la capacidad de aprendizaje del alumno, favoreciendo el fortalecimiento de su autoestima. Una pedagogía orientada a potenciar en el otro la capacidad de definir su proyecto de vida, a partir del desarrollo de su autoconocimiento. Una enseñanza que fortalezca la capacidad de narrar, de poder contar lo que les pasa, articulando narrativamente sus deseos, necesidades y demandas. De esta manera, la escuela, puede propiciar alumnos que no sean meros repetidores de información, seguidores de normas, consumidores pasivos o, peor aún, individuos excluidos del proceso de aprendizaje. Con dicho fin debe desarrollarse un tipo de gestión educativa, donde priorice la generación de espacios y climas sociales escolares, que habiliten el dialogo, el encuentro con el otro. Es preciso, el desarrollo de acciones eficaces en el marco de la promoción de la salud. Será necesario, la coordinación entre escuela, las instituciones locales y las organizaciones de la sociedad civil, quienes se ocupen de temas relacionados con la salud. El trabajo en red entre las escuelas de la zona permitirá también el intercambio y la articulación de estrategias comunes, para un abordaje comunitario que promueva relaciones fluidas entre escuela, las instituciones de fomento y los padres. Pero hay que mencionar el vínculo con los padres para intentar construir con ellos, un espacio frente al consumo del alcohol y drogas a edades cada vez más temprana. Ello no implicará el ocultamiento y la negación el "de eso no se habla", ni un grado de alarma que paralice y dificulte el vínculo padres-hijos. El pensamiento correcto o light deriva en conductas temerosas que convierten los vínculos en meras transacciones en los que los adultos desaparecen como tales y como guías.
"La relación entre padres e hijos, es el escenario extendido de la sociedad, y se materializa trágicamente en problemas con la violencia, drogadicción y el alcohol" (Pensar un hábito necesario para la vida: Piedra Libre Libros). En este sentido, son desaconsejables los posicionamientos adultos en extremos de tolerancia y permisividad. La educación sobre alcohol significa aumentar los conocimientos de los alumnos, lograr que se posicionen con respecto al consumo abusivo de alcohol y, desarrollar sus habilidades para que puedan tomar decisiones que los alejen de él. Ejercitar el juicio crítico hacia las asociaciones siempre positivas entre alcohol y felicidad, alcohol y alegría, alcohol y buenos vínculos. Necesitamos ayudar al adolescente a construir alternativas para la diversión y el intercambio que no impliquen consumo abusivo. Dar información adecuada sobre el alcohol y sus consecuencias de su consumo. Potenciar la inclusión de la educación para la salud en el proyecto escolar. Los ámbitos de la escuela y del aula, pueden constituirse como factores protectores o de riesgos en relación con la adopción de ese tipo de conductas, en la escuela debe existir un clima social favorable, donde la interacción con los docentes, alumnos autoridades y padres sean positiva. La educación frente al consumo de alcohol y drogas debe ir más allá de los objetivos y conocimientos incluyendo el desarrollo interpersonal y afectivo de los alumnos. El docente debería tener un papel de dinamizador de actividades que promuevan la reflexión. Los alumnos deben ser protagonistas de su proceso educativo. Se debe estimular a que planteen dudas, interrogantes, que analicen críticamente aquello que creen saber, a contrastarlo con otros hechos y opiniones. Es prioritario introducir el tema en forma transversal, es decir que haya una mirada desde todas las disciplinas.
